lunes, 16 de junio de 2008

Vivir para cantar y amar (La Nacion de Costa Rica)

Cuarenta años de trabajo respaldan el nombre del cantautor Luis Enrique Mejía Godoy . Mañana él presentará su nuevo disco: Mis boleros

Yendry Miranda | ymiranda@nacion.com

Cuatro décadas de intenso trabajo no han sido suficientes para detener la voz del cantautor nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy.

Este año, el músico sorprende a sus seguidores con un nuevo material: Mis boleros , que compila canciones nuevas y otras escritas hace mucho tiempo, pero que, por diferentes razones, no se habían dado a conocer al público.

Para presentar este material a los ticos, Godoy participará mañana en el concierto CoinCiDencias , en el que Adrián Goizueta también promociona su última producción.

En su paso por el país, el cantante de Pobre la María, tan popular por sus letras de contenido social y de historia centroamericana, conversó con Viva sobre su nuevo disco y su carrera musical.

¿Cómo surge la idea de hacer un disco de boleros?

Era una idea vieja que no se había podido cristalizar, pero las circunstancias se juntaron para que el año pasado pudiéramos hacerlo.

“Me encontré con un viejo amigo (César Benítez), un músico nicaragüense que vive en Los Ángeles, California, y le planteé la posibilidad de hacer un disco que como concepto rescatara el bolero, pero con las influencias de géneros como el jazz, el tango, el son y el swing “.

Hay temas que tenían más de 20 años de haber sido escritos. ¿Cómo se llevó a cabo la selección?

Fue un poco difícil porque las canciones responden a un determinado momento histórico.

“Las motivaciones para escribir una canción de amor siempre son, de alguna manera las mismas; no obstante, hay boleros que también rompen con lo tradicional, tanto en la manera de abordar la poesía como en la interpretación de los textos o en la experimentación musical. Escogí las canciones que eran las más poéticas y escribí especialmente un par de temas que son el Bolero en soneto y El bolero , un poema dicho y acompañado del piano.

En su disco, hace una descripción casi romántica del bolero. ¿Podría decirse que este es el género de sus amores?

Para mí, la mejor manera de expresar el amor es a través del bolero... Hay una canción del disco que es casi una balada, pero es un género que está muy emparentado con el bolero.

¿Cree que la aparición de nuevos ritmos erradicaría géneros como el bolero?

Absolutamente no. Es como si desapareciera la poesía, se pueden hacer canciones de amor al ritmo de son, vallenato o rock , pero el bolero es la mejor forma.

“La canción de amor cabe perfecta en él; el bolero es un género lírico. Los otros ritmos son pasajeros; además, el bolero ya cumplió más de cien años, entonces está comprobado que permanecerá.

“Hay que hacer una pequeña diferencia porque hay boleros que tienen una vida más larga que otros, unos trascienden y otros mueren a la vuelta de la esquina. En Centroamérica hubo grandes boleristas como Rafael Gastón Pérez y Ray Tico, a quien le dedico las presentaciones de este disco en Costa Rica”.

¿Qué recuerdos conserva de Ray Tico?

Conocí a Ray Tico cuando era muy jovencito y aún pertenecía a Los Rufos, un grupo juvenil de los años 60 y 70. Yo tenía una amistad con el padre de uno de los miembros de la banda, entonces era muy común verlo llegar a la casa de estos amigos en San Pedro de Montes de Oca, agarrar su guitarra y tocar para nosotros; era un lujo.

“Eso era muy emocionante porque como vengo de una familia de músicos, para mí era como reencontrarme con una familia como la mía, donde Ray Tico llegaba a tocar en la intimidad, a tocar sus boleros propios y los costarricenses. Todo eso juega un papel muy importante en mi formación como músico, no solo por el recuerdo; eso se quedó en un rincón del corazón donde se hace un “campito” para todas esas cosas”.


Ha compartido escenarios con grandes representantes de la trova y la nueva canción. ¿Con quién le queda pendiente cantar?

No tengo un deseo en particular, más bien me hubiera gustado haber tenido la oportunidad de cantar con Víctor Jara; después con cualquier músico o cantautor latinoamericano. Creo que toda la experiencia de compartir el escenario siempre es una enseñanza.

Luis Enrique Mejía Godoy ha cantado para diplomáticos, presidentes y también en pequeños barrios de Latinoamérica. ¿Con cuál de estos dos públicos se queda?

Me quedo con el público que me quiera escuchar: no importa si es el Presidente de la República o la señora del mercado.

“No me gusta encasillarme en ese asunto. He cantado en sitios como teatros clásicos y hasta debajo de un palo de mamón, en Nicaragua o en Costa Rica, o debajo de un aguacero. Lo más importante es que la gente quiera escucharme y que yo sea capaz de comunicarme con ella y transmitirle los sentimientos que están en cualquier canción”.

Ha impulsado proyectos a favor de la mujer y los niños, ¿a qué otro grupo le gustaría ayudar?

A todo lo que sea una causa noble. Nunca me gustó que me dijeran que era un cantante de protesta; mis temas van mucho más allá, le cantan al amor, al paisaje, a la naturaleza y, por supuesto, los problemas sociales me inspiraron por todo lo que Nicaragua pasó, ha pasado y sigue pasando.

“De la misma manera me involucré en Costa Rica al cantar sobre los conflictos sociales, la discriminación y los trabajadores de las bananeras. En todo ese tiempo, aprendí que la sensibilidad con la que me formaron mis padres estaba saliendo a flote a través de la poesía y la canción para acercarme a esos segmentos de la población” .

Suma más de 40 años de carrera. ¿Alguna vez ha pensado en retirarse?

Creo que nadie piensa en retirarse nunca de lo que más le gusta.

“Pienso que mientras esté lúcido, voy a seguir cantando y componiendo, aunque posiblemente no siga viajando como antes, pero ahora con las comunicaciones y la tecnología es más fácil que hace muchísimos años.

“No pienso retirarme nunca hasta que Dios me dé vida”.

¿ Cómo le gustaría a usted que lo recuerden?

Que me recuerden por las canciones, porque cada una de ellas son un retrato de mí.

Este fin de semana, compartirá el escenario con Adrián Goizueta. ¿Qué significa este reencuentro con este viejo amigo?

Este efectivamente es un reencuentro. He hecho con Adrián muchas giras nacionales e internacionales, pero este concierto es muy especial porque además de ser el lanzamiento de los discos Tangoizueta –de Adrián Goizueta– y Mis Boleros –de Mejía Godoy– es una forma de demostrar que el bolero y el tango están muy hermanados.

“ Por eso se llama CoinCiDencias , porque los dos artistas coincidimos n en lo que para Adrián significa el tango y para mí significa el bolero. Con este concierto, queremos decir es que el arte no tiene colores, ni fronteras y que ese contenido humano que tiene el arte es el que nos hace seguir viviendo” .

¿Qué pueden esperar los ticos de esta nueva cita con usted?

Este no es un concierto muy largo, pero vamos a cantar algunos temas de nuestros nuevos discos.

“Inevitablemente vamos a interpretar algunas canciones que la gente quiere oír tanto de Adrián como míos.

“Además cantaré algunas cosas inéditas, como lo hago en todos mis conciertos. Me gusta cantar algo que está saliendo del horno”.

1970

Ese año graba su primer LP llamado Hilachas del Sol . Casi todos los temas del disco tienen que ver con la vida de los campesinos de Nicaragua. Primero de enero y Abajo son algunos de ellos.

1978

El quinto álbum del nicaragüense se grabó ese año y se llamó La libertad en cada calle . Previo a esa producción grabó: Este es mi pueblo , en el año 1972, y Para Luchar y quererte , en 1975.

1980

A principios de la década, el trovador fundó el grupo Mancotal. Con ellos, el cantante realizó giras por América Latina, Canadá y Europa. Además grabaron discos como Luis Enrique y Mancotal en Holanda. .

1981

El artista participa en el Festival De La Nueva Canción realizado en México. En esa ocasión tuvo la oportunidad de compartir escenarios con Tania Libertad y Amparo Ochoa, entre otros artistas.

1983

Yo soy de un pueblo sencillo es el nombre del décimo álbum en la carrera de Luis Enrique Mejía Godoy. De él se desprenden temas como El inventario, Venancia y Pobrecito mi zipote , entre otros .

1988

Graba el álbum Nicarafricano con la Empresa Nicaragüense de Grabaciones Culturales (Enigrac), la cual estaba bajo su cargo. Bajo su dirección, esa entidad produjo más de 100 discos de canción popular.

1993

Razones para vivir es el nombre del álbum número 13 del artista. Este disco incluye canciones como Me gustan los días claros y Pobre la María , canción que lo hizo muy popular en Costa Rica.

1995

A mediados de los noventas el artista graba Luis Enrique Mejía Godoy (Diez años) , una antología de sus temas con la casa disquera Sony Music. La producción compila algunos de sus mejores canciones.

2008

Este año, el artista lanzó al mercado internacional su nuevo disco compacto Mis boleros . La producción contó con la asesoría del arreglista y músico nicaragüense César Benítez.

Coincida con él

Luis Enrique Mejía Godoy en Costa Rica

Firma de autógrafos: Hoy, a las 4 p. m., en la Librería Internacional de Paseo de Las Flores, Heredia.

Concierto: CoinCiDencias , junto a Adrián Goizueta

Dónde: Centro comercial Terramall.

Día: Domingo 27 de enero.

Hora: 6 p. m.

Entrada: Gratis.

En detalle

Un poco sobre el trovador

Linaje. Luis Enrique Mejía Godoy viene de una familia de artistas. Su padre, Carlos Mejía Fajardo, era músico popular y constructor de marimbas; su madre, María Elsa Godoy, fue maestra y artesana de pan. Su hermano mayor, Carlos Mejía Godoy, también es un conocido músico nicaragüense.

En Costa Rica. El artista se trasladó en 1967 para estudiar música, pero en 1969 toma la decisión de dedicarse exclusivamente a la música.

Otra faceta. Mejía también ha colaborado con fundaciones que ayudan a personas enfermas, adictas y otras. Junto con su familia, creó la Casa de los Mejía Godoy, un centro de arte y cultura nicaragüense.

“Jode tratar de no repetirse” (Elfaro.net)

Plática con Luis Enrique Mejía Godoy

José Luis Sanz y Rafael Mendoza López
cartas@elfaro.net


Luis Enrique Mejía Godoy
Luis Enrique Mejía Godoy fue una de las voces de la revolución sandinista, pero no cayó en la trampa de dejar que su arte muriera con ella. Con el lastre de esa historia que en Centroamérica no acabamos de asumir y por tanto de quitarnos de encima, se esfuerza por serlo también de los amores, soledades y búsquedas que quedaron en el vacío que dejaron las utopías y las guerras en el alma de tantos nicaragüenses como salvadoreños.

Su cita con El Faro arranca salpicada por el desconcierto de mensajes de correo electrónico que se tragó el ciberespacio, dos horas de espera en el aeropuerto y una charla que ya todos pensábamos que no se iba a celebrar. Son las tres y media de la tarde y tanto él como Luis Manuel Guadamuz, su guitarrista, se tratan de reconfortar con unas sopas y sendas cervezas. El lugar les llama la atención y los primeros pasos de la plática se centran en Punto Literario. A nuestro invitado le parece interesante como proyecto, como inversión, como espacio… Cualquier espacio de cultura se queda pequeño para un cantautor hijo y nieto de cantautores, hermano de pintores y músicos, entre ellos el más conocido, Carlos, y cuya familia ya se desparrama en otros diez artistas sobrinos o nietos de Luis Enrique. Un árbol genealógíco para explorar… en otra ocasión.

Es interesante, importante, que haya gente pensante en todas las capas sociales. Porque uno de los enemigos inmensos de la realidad de ahorita es la ignorancia. La pobreza tan a ras del suelo que solo da para la sobrevivencia, para comer.

La ignorancia y la pobreza de espíritu. Cada vez las decisiones las toma gente más pobre de espíritu… Oye, ¿y estás en gira ahorita?
Sí… se podría decir que tengo una relación privilegiada con el resto de países de Centroamérica, porque son muy pocos los cantautores de la región que se comunican con los centroamericanos. Pueden viajar también a Estados Unidos, Canadá, Europa, pero para mí tiene mucha importancia lo que sucede en Centroamérica y hay como un silencio del que somos de alguna manera cómplices… Porque si yo pongo muchas condiciones para venir a El Salvador, simplemente no vengo. Pero a mí me interesa venir. De aquí me voy a Costa Rica. Y luego a Canadá, a un festival interesantísimo que se llama “noches africanas”. Son como 300 artistas del mundo.

Qué bonito que una idea de reunir música del mundo se llame “noches africanas”. El continente más marginado, más olvidado, como símbolo para un punto de reunión.
Sí, culturalmente África siempre ha tenido una importancia muy destacada. Incluso para la comercialización. Porque ahora toda la fusión, la globalización del arte y la cultura a través de la música, tiene que ver mucho con lo que llaman “música del mundo”, que mezcla hindú con africano, con latino. Pero lo africano es lo que une todo eso.

¿En qué medida es una especie de cliché de mercadeo, una moda? Eso de la música del mundo es muy “políticamente correcto”, ¿no?
Sí, y es un cuchillo de doble filo, porque soy el primero encantado de que las fronteras se borren, pero yo tengo un origen, una particularidad, un huella… que es mi identidad, mi manera de ser. En la medida en que yo comparta eso y rompa fronteras para acercarnos, magnífico. Pero ahora estamos hablando de transnacionales, de la industria de la música y el arte, no de los artistas. El problema es que es la industria la que saca la mejor tajada y siempre se sale con la suya.
Yo tengo 35 años en esto de romper fronteras… he estado en Japón, Grecia, Brasil… y eso me ha permitido, ante de que se hablara de globalización, un enriquecimiento de confluencia e influencia… para reafirmar mi identidad, no para borrarla.

Uno no puede conocerse sin conocer a otros…
¿Sabes? Y yo estoy cada vez más convencido de mi origen andaluz. Pero detrás de lo andaluz tengo a mi abuelo negro… con alas negras. Y antes o a la par mi raíz indígena… Claro que el esnobismo está ahí, y ahora todo es moda, “nice”… ¿cómo dicen ahora?

“Cool”.
Sí, eso, me da risa… porque había unos cigarrillos cuando yo fumaba que se llamaban así.


¿No fumas?
Tengo 25 años de no fumar.

¿Lo dejaste por la música, por salud?
No, lo dejé porque mi ángel guardián, mi nahual, que es un búho, me lo dijo. Sí, sí… tenía 25 años. Tengo 58 ahora, así que en realidad hace 30… 33 años… Y era el momento en el que uno iba a cualquier lugar el mundo y todo el mundo fumaba, y a nadie le molestaba, nadie reclamaba.

Hasta en los aviones.
Yo fui disjockey, y fumaba y tomaba ron… y adentro se fumaba, en un ambiente de locura… Y me di cuenta luego de que tenía una alergia salvaje en los pulmones, que me había descuidado desde los 12 años. Y a partir de eso decidí no fumar más, entre otras cosas.

¿Entre otras?
Sí. Dejé de fumar, porque después del tabaco yo seguí un par de años fumando marihuana, pero no era lo mismo para mí. El cigarro es otra onda. Y también decidí que no iba a tocar en lugares donde haya humo y esas cosas. Y por eso sobrevivo, en parte.

¿Qué te dijo el nahual?
El nahual tenía un asma peor que la del Che Guevara, ja, ja, ja.

¡Pero dejaste de fumar a los 25! No es lo típico de que uno ya mayor, por madurez…
No, no fue por madurez… en realidad fue algo muy irresponsable. ¿Cómo un joven de aquella época…?

Lo irresponsable era no fumar, ja, ja.
Sí, totalmente, porque estaba excluyendo a la gente... Era el momento en que los Beatles se separaron, John Lennon empezaba a hacer sus canciones más importantes… Las dictaduras en América del Sur, la solidaridad…
No hubo ninguna dosis de raciocinio en la decisión. Fue circunstancial, no sé por qué… Mi papá murió de cáncer en la tráquea, pero no fue por eso. No tengo esa mala imagen, o tal vez no quiero tenerla. Yo no imagino a mi papá sin fumar. Lo veo tocando la guitarra con el cigarro guindado, tocando marimba, trabajando de carpintero con el cigarro. A los 63 años murió. Dentro de cinco voy yo.

No dirás que realmente dejaste de tocar en sitios cerrados con humo.
Bueno, seguí trabajando hasta hace cinco años en lugares cerrados donde se fuma. Una vez me tuvieron que sacar del escenario directamente por la puerta de atrás a una ambulancia, por eso soy muy consciente del daño que me hace. Mis cuerdas vocales están perfectas, pero mis pulmones tienen un problema.

Pero en la mayoría de locales está permitido fumar.
Nosotros le decimos a la gente. Tenemos que recurrir un poco a…

Al chantaje emocional, ja, ja.
No, mirá, yo soy privilegiado también en ese sentido, porque la gente acaba queriéndote, y cuando la gente te quiere, te quiere. Te mima. Aunque espero que no sea porque me ven anciano…

(A Beatriz Alcaine le bullen las palabras desde hace rato y decide no esperar más. La charla se abre a las cuatro bandas. El único que calla es el guitarrista, que actúa como testigo de la entrevista y verdugo de la sopa y de una buena ensalada, después).

Bea: Es que muchas veces no vemos la parte humana del artista, pero la capacidad de generar esa vibración de amor en la gente que tú tienes… Esa relación afectiva con el público.
Yo creo que Borges dice algo de eso ¿no? El arte es como un espejo, cuando es auténtico. Claro que está la calidad de por medio, el oficio, el rigor, la comunicación, pero la gente se ve a sí misma en nuestros ojos, en el trabajo que hacemos. ¿Cuántas veces no he llorado yo viendo una película, y no conozco al director, ni sé quién carajo la hizo? Ahora mismo me pongo erizo al pensarlo… Cuando vi “la vida es bella” lloré afectivamente, porque me tocó el alma, pero llore también por la gran admiración que tengo al arte, porque se puede hacer arte aún, todavía, hoy, después de tanta mediocridad, de tanta superficialidad, de tanta oferta y demanda, del manoseo…

¿Cuesta más que antes hacer arte?
No, lo que a uno le cuesta después de tanto tiempo es no repetirse. Arrecho eso. Porque eso deprime, y jode, jode… sí, jode, no sabés cómo jode. Y los días en blanco no se los deseo a nadie. Pero también se pone uno a pensar que e que se complica la vida. Yo conozco artistas que viven de cuatro canciones, y lo demás les debe valer un carajo… He estado escuchando de un movimiento muy importante en Nicaragua que se llama praxis, que es de pintores, que en el 74 fueron una alternativa, una bomba. Ahora se les critica muy duramente que están haciendo lo mismo de entonces. Y hay que tener en cuenta además que con una sola canción uno puede sobrevivir. Con una pintura no…

Porque el momento en que se interpreta es parte de la canción.
Efectivamente. Todas las veces que he venido a La Luna, ¿cómo puede alguien decirme que es igual? Nunca lo es. Yo soy el mismo, pero no las canciones.

Bea: Ni siquiera vos.
Bueno, en este momento no, ni intento serlo.


Eres cantautor en esta Centroamérica incomunicada, y en la que mucha gente se ha quedado enrocada en una visión ideologizada del arte… ¿te cuesta que te vean diferente? ¿No te provoca eso algún tipo de conflicto?
Un pequeño conflicto, pero anoche después de un concierto se me acercó una niñita de cinco años y me dijo. “A mí me gusta una canción suya”. Y la canción que le gusta es una que la mayoría de la gente no conoce y que se llama “Canción de cuna para un pipito”, que es para los niños discapacitados. Y me cantó un pedacito de la canción. Eso me renueva espiritualmente, y me hace asumir un compromiso grande, por ser siempre distinto.
Pero a veces pienso que uno se complica la vida. Se puede cometer el error de intelectualizar el asunto. Por eso esa majadería de la página en blanco es una bobería nadie se muere por una página en blanco. La mente en blanco es otra cosa.

¿No tienes páginas en blanco?
La página en blanco es un reto. Es sentarse con la guitarra y decir: ¿y ahora? ¿Está dicho todo? Pero voy a contestar a tu pregunta… o mejor no voy a contestar, vamos a seguir platicando. Lo voy a decir en plural por mi hermano, por Norma Elena Gadea, por los Guardabarranco,… por un montón de grupos que desaparecieron en Nicaragua, por artistas que se fueron del país… Cuando la derrota del frente sandinista, es decir, cuando políticamente los artistas, los trabajadores de la cultura, quedamos huérfanos de un proyecto, fue el momento más importante para saber realmente qué éramos y que queríamos ser. Y yo siempre me remito a una cosa que es muy sana para mí: yo no nací con la revolución, sino que la revolución nació conmigo. Y lo digo con mucho orgullo y con modestia.
Yo vengo de una familia donde todos fueron músicos, curas, hombres orquesta, mi papa carpintero, fabricante e marimbas… Y la revolución es una cosa que encontramos en el camino. Yo si no hubiera habido revolución igual hubiera sido artista, hubiera sido músico. Aunque no debo olvidar que la revolución ha sido el fenómeno cultural más importante en nicaragua en los últimos cien años.

Fue un espacio.
Sí, y no puedo ser tan vanidoso o tan estúpido como para pretender haber estado fuera de eso.

Estuviste metido hasta el cuello.
Me comprometí hasta la cabeza, y por eso sufrí después.

Y durante, supongo.
Durante fue más fácil, porque nadie olvida que fuimos los cantantes oficiales de la revolución, y eso es algo que no te puedes quitar de la frente. Y yo lo hice con todo el amor, pero el problema es el después. Como me dijo un periodista cuando se perdió el poder: “¿y ahora qué vas a hacer?”.

Bea: Es que parece que nadie se había preparado para aquello. Todo el mundo en Nicaragua se empeñaba en negar esa posibilidad.
Sí, pero quizá lo más difícil les queda a los más jóvenes, porque yo tengo unos principios muy arraigados. Ellos necesitan ahora referentes.

Y motivaciones.
Yo tengo las mías, que aunque parezca mentira en este momento son mis hijos y mis nietos. Los deseos que mis abuelos o mis padres no pudieron cumplir yo los veo perfectamente dibujados en la palma de mi mano, en ese sentido.

¿Y dónde quedó la política?
Soy un disidente del frente sandinista, con dignidad.

¿Desde qué año?
Desde 1992. Después de que las aguas se aquietan y las cosas se ponen más claras o más turbias, según se vea, una serie de artistas e intelectuales coincidimos en ello. Algunos fueron muy duros. Yo conservo la amistad con Daniel, con Humberto, aunque los critico, y los critico en público. Y me parece que eso es sano, honrado y bueno.

¿Y cuando viste a Daniel Ortega en campaña hace dos años, con la camisa rosada?
En primer lugar sentí que era ridículo. Poco creativo, una trampa, con asesores que no tienen nada que ver con los principios del frente, contratados como quien decide contratar a un maquillista.

¿Asesores de marketing?
Sí, ahora para todo hacen encuestas y tratan de medir, y eso es un engaño doble.

Porque hay cosas que no se pueden medir con encuestas.
Claro, y las encuestas de quién, además. Casi nunca las hace el mismo pueblo. Te voy a contar una anécdota: Carlos Mejía, mi hermano, acaba de salir en una encuesta como el segundo personaje más popular de Nicaragua.

Coño, ¡pues que vaya de candidato!
Eso le ha dicho todo el mundo. Que se haga alcalde.

¿En serio?
Sí… y mi hermano ahora lo que siente es un gran respeto por la gente y un compromiso. Porque la gente cree en vos es por algo.

(Luis Enrique enseña fotos del libro “Relincho en la sangre”, su biografía, que recuerda al cura panzón por el que a los Mejía los llamaban “los sobrinos de monseñor” y un rosario de guitarras y marimbas en manos o a manos de diversos miembros de la saga…)

¿Alguna vez te sentiste más político que artista?
No, aunque a veces sentí el peligro de que me estuviera pasando… Mira, una revolución que triunfa, puta… es como encontrarse con la novia más linda del mundo que te diga “vení” y vos le digás “esperate”. El poder… el poder… Es sano decir que hubo quien tuvo más responsabilidad y quien tuvo menos, pero todos, incluyéndome a mí, fuimos soberbios. Aunque hasta el día de hoy no recuerdo haber hecho nada contra mis principios.

Pero el sabor de boca, con los años, debe de ser cada vez más agridulce al mirar atrás.
Así es para todos. Se están cumpliendo 13 años de la desmovilización y los acuerdos de paz, y han entrevistado al Chaparro, el famoso comandante de la Contra. Y le preguntaban “¿usted cómo ve la cosa?”, y el decía… “Igual”. “Igual que antes”. Es un hombre totalmente frustrado. Y le decían “¿y usted es liberal…?” Y él respondía “Yo soy conservador… Por eso hablo poco”...

Una gran respuesta.
Es un campesino, sin formación, desilusionado, como muchos otros. Imagina a gente que perdió a cinco hijos, a su compañera, a su compañero, que perdió propiedades, que con toda razón se sintió traicionada. Yo vi esos casos. Y alguna de esa gente de esas mujeres, dicen que hay que seguir luchando porque por eso murieron sus hijos.

No se les puede negar una gran dosis de coherencia.
Hay quien nos dice aún que por qué nos fuimos del frente, si están los mismos de siempre. Y nosotros les decimos que no nos hemos ido, que simplemente no estamos. Y no es un juego de palabras, porque la gente dice “si nosotros los queremos”… Y ahí es donde entra para muchos la motivación para ir a escucharnos. Hay quien dice “ustedes son los que nos hacen vivir, con las canciones de siempre”. Pero púchica, ¿cómo puedes vivir con esa nostalgia?

No sé en Nicaragua, pero en El Salvador se dice que la paz fue posible porque no hubo vencedores ni vencidos. Sin embargo, cuando sales a la calle tienes la sensación de que todos, de ambas partes, se sienten derrotados.
Sí, pero es más duro decir… ¿y los dirigentes? ¿Dónde están? Los de la Contra y los del frente… ¿Qué hicieron con el pueblo? Hace falta una revolución, a partir de esta situación real, para acabar con los desgraciados, con los mentirosos. Si alguien me dice que la hagamos, yo voy.

¿No pesan los años?
Bueno yo ya asumí hace mucho tiempo, y es una cosa importante, que ahora por fin hablo de la muerte en lo que escribo. Desde hace unos años.

¿Y eso es una buena señal?
Eso es una muy buena señal. Es súper saludable. Cuando me dice Beatriz que se murió este amigo jazzista…

Ricky.
Sí… Tal vez es bueno que se haya muerto ¿no? Tal vez va a generar otras cosas.


Bea: Ya lo está haciendo.
Tal vez su muerte genera otras cosas, viendo las cosas desde el lado positivo. Pero además, yo he visto la muerte tan cerquita, tan ahí, y de la forma más horrorosa, que como se dice, lo demás es ganancia. Tiene un sentido distinto ahora, estoy tentándola, a la muerte. Desde un punto de vista…

Seduciéndola.
Sí… Es pero no tener un problema en la cabeza, ja, ja. Porque he hablado mucho con psiquiatras, con psicólogos… Hoy venía en el avión un psiquiatra que iba para Alemania, y me decía que hay que perder el miedo a eso. Joaquín Paso hablaba de ello. Bueno, casi todos los poetas han abordado el tema.
Hace un año, en la UCA, estando en un concierto muy intenso, en el que el mayor allí tenía 25 años… Había como 7 mil personas. Había una presión increíble. A punto de llover. Había llovido por la mañana, Yo ya estaba por cerrar el concierto, ya había cantado 15, 18 canciones, y sentía que me estaba desvaneciendo. Y no me puse a pensar nada más que en terminar.
Me empezó a faltar el aire y me senté, había tomado como siete botellas de agua, estaba transpirado… Y cuando iba a cantar la Nicaragüita, como en la segunda o cuarta palabra, me desplomé.

Bea: ¡Se desplomó!
Sí, La gente se asustó mucho… Y yo no me asusté nada. Y no estoy diciendo que sea valiente ni nada. Simplemente dije “así va a ser”… y ojalá así sea.

Bea: ¿Cantando?
Bueno, eso es un poco romántico, pero sí que sea una muerte tranquila. ¿Te imaginás? Yo estaba cantando “Nicaragua Nica…” y me caí con todo y guitarra. Fueron como 35 segundos, pero con la presión en cero… y en ese momento todo el mundo era médico, y me metieron pastillas, en confite…
Y cuando terminó eso, cometí una burrada, porque según yo, iba a seguir cantando… Y me decían “¿le duele el pecho?”. Y yo “no”… Y cuando terminó eso y me llevaron al hospital, y me hicieron las pruebas de sangre, azúcar, y todo eso… nada. Nada de nada: puro estrés. Ese es mi diablo, mi búho, mi nahual.

Pues tú tienes el talante de alguien tranquilo.
Sí, pero es que eso no se manifiesta así… Pero bueno, la cosa es que después de eso escribí un cuento, que se llama “los crepúsculos”. A mí los crepúsculos siempre me han encantado… y el cuento de la muerte es una historia de amor. Porque de niño me encantaba levantarme con los crepúsculos de la mañanita, para ir a ordeñar una vaca y tomar al pie de la vaca mi pinolillo con leche.
Cuando me fui a Managua perdí esos crepúsculos. Pero Neruda decía que él los coleccionaba, y yo también decidí coleccionar mis propios crepúsculos, y llevármelos a Managua.
Años después, recién ahora, allá subiendo por la carretera sur, me encuentro con un crepúsculo impresionante. Lo guardé para mí y empecé a pensar qué significa para mí eso…Cuando yo desperté del desmayo, vi el crepúsculo, solo que eran los ojos de mi mujer.

Bea: ¡qué bonito…!
Sí, y yo quiero contarlo, y entusiasmarme con eso. Escribo ahora algunas cosas sobre la muerte, la soledad....

Obviamente no te da miedo…
No.

Y qué te gustaría llevar…
Me da miedo la violencia en la muerte. Mi papá murió en el crepúsculo de un atardecer, y se murió suavecito, y sus ojos se le fueron poniendo chiquitos y plomizos… y yo sentí que él sonrió. Y en vez de llorarlo con lágrimas lo lloré con canciones. Y fue como un arco iris la muerte de mi papa. Así la veo yo, pues. A uno le preguntan: si te murieras mañana ¿qué te llevarías? Y a mí me parece más o menos una estupidez, ja, ja. ¿Para qué vas a…?
Ahora hay mucha bobería, con esos pensamientos filosóficos. Se los adjudican a Borges y García Márquez…

¿Los que circulan por el correo electrónico?
Sí, esos… Que son cosas que están bien escritas, bien redactadas… pero no quieren decir nada.

(Beatriz, como da y regala, arrebata, y anuncia que Luis Enrique se va a tener que marchar para probar sonido antes del concierto. Él, responsable, con porte vocacional de puntual y metódico, asiente resuelto y hace un gesto como de ir a levantarse, como por resorte).

Una última pregunta.
No, vámonos… Solo necesito un poquito de agua…

¿Sigues pensando, si es que lo pensase alguna vez, que con una canción se puede cambiar el mundo?
Nunca. Nunca lo pensé.

¿Ni siquiera en la revolución?
A lo mejor estoy mintiendo, a lo mejor lo pensé... pero durante la revolución nunca. Tal vez cuando era más chavalo, cuando empezaba a cantar las canciones de Víctor Jara, de Silvio, y algunas mías… Ya digo que a lo mejor estoy diciendo una mentira, pero tengo conciencia de nunca haber pensado eso, y me gusta decirlo: nadie puede cambiar el mundo con una canción.
Uno puede contribuir a un estado mayor y mejor de conciencia, a despertar, a reunirse… Ya podría pasarme mañana tarde y noche hablando de casos concretos de gente que me ha dicho “esa canción cambió mi vida”… Pero no el mundo.

Bea: tal vez sí el mundo de esa persona.
O gente que se casó con una canción mía... y yo siempre pregunto “¿y no se han divorciado todavía?” Ja, ja.


Bea: Por cierto... mi hermana se va a casar el 13 de septiembre, y ella sueña con bailar “Cómo fue”, pero cantada por vos.
Pues es una de las canciones que más me gustan. “cómo fue… no sé decirte cómo fue…”. Esta noche podemos intentar tocarla.

Bea: Además, mi hermana sólo va a La Luna cuando vos estás…
Ja, ja, ja… ¿recibiste la frase que te envié? “Mi mayor utopía es que cada poeta tenga su parcela de Luna”. Sí, porque solo los poetas podemos alunizar… los gringos es un videoclip lo que hicieron, ja, ja. Nosotros podemos crear la ficción, pero lo de ellos es mentira, ja, ja.

(Mejía Godoy retoma la conciencia del tiempo que suena a puerta cerrándose, y trata de beber de un solo los últimos sorbos de la plática con cartas que tenía guardadas desde que se sentó a la mesa. Confiesa que tenía ganas de estar en Pláticas en Punto, y quiere despedirse con platillazo).Termino. Con otra frase que me interesa. “Yo creía que los pájaros eran inmortales, hasta que maté al primero. Ese día empecé a envejecer”. Y la otra es: “En el planeta de los niños jamás habrá adultos maltratados”.

Éste tipo es buena gente…
Bea: ¿No lo sabías?

No… todavía no lo conocía.

Luis Enrique Mejía Godoy analiza el concierto de Silvio

CRONICA DE UN CONCIERTO ANUNCIADISIMO
Y UNA CANCION DESESPERADA…

Luis Enrique Mejía Godoy
Nicaragua, marzo-abril, 2008

Pretextos para un Texto con texturas

Fue la historia común de nuestros pueblos, Cuba y Nicaragua, la que quiso que Silvio Rodríguez y yo nos conociéramos allá por 1978 en el Festival de la Nueva Trova Cubana, en Santiago de Cuba, durante el XI Festival de la Juventud y los Estudiantes, unos meses antes de las primeras insurrecciones en Nicaragua, en el mismo año en que mi hermano Carlos y yo, empezamos a escribir, teinta años atrás, las primeras ideas de lo que sería la obra musical Guitarra Armada, que nunca fue un instructivo para hacer la guerra como piensan algunos, sino un manual para defendernos de la violencia y la represión.

Precisamente, once años atrás, se realizaba el Primer encuentro de la Canción Protesta, organizado por Haydeé Santamaría en Casa de las Américas, La Habana, del 24 de julio al 8 de agosto de 1967, actividad en la que participaron Daniel Viglietti de Uruguay, Barbara Dane de EEU. Carlos Puebla de Cuba, y los iniciadores del Movimiento de la Nueva Trova Cubana, apenas dando sus primeros pasos, los jóvenes cantautores, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú y Noel Nicola. Empezaba con este evento un acercamiento inevitable de nuestros pueblos, realidades y sueños, a través del canto popular.

Sin prisa, los recuerdos vienen nítidos a mi memoria…Yo conocí las canciones de Silvio, Pablo Milanés, Vicente Feliú, Noel Nicola, Sara González, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), el grupo Manguaré y el grupo Moncada, especialmente, por los discos de acetato de Larga Duración que lograban llegar a Costa Rica a mediados de los años sesenta, a través de una de las primeras embajadas de Cuba en América Latina y del Instituto Cultural Costarricense Cubano. Yo vivía en San José y ya cantaba mis primeras canciones de contenido social, donde éramos, sin conocernos aún, parte de un fenómeno de la canción popular latinoamericana llamado Nueva Trova Cubana, Nueva Canción Chilena y Canto Nuevo, Nuevo cancionero Argentino, Canto Testimonial Nicaragüense, Nueva Canción Costarricense, o de forma general, con el membrete de Canción Protesta, Canto Revolucionario y, que empezaba a tener importante divulgación, especialmente después del triunfo de la Unidad Popular de Chile en 1971, que, con las banderas en alto, la consigna del Pueblo Unido jamás será vencido y las canciones de Victor Jara, Angel e Isabel Parra, Patricio Mans, Quilapayún e Inti Illimani, celebraban la decisión del pueblo chileno de elegir, por los votos, democráticamente, y apoyaban al primer gobierno socialista de Chile encabezado por el Dr. Salvador Allende. En 1973, cuando la CIA y la Derecha Chilena dieron el golpe militar y asesinaron a miles de ciudadanos chilenos, entre ellos, Salvador Allende y Víctor Jara, mi hermano Carlos y yo escribimos canciones urgentes y solidarias con la resistencia chilena. Pinocho Pinochet y Chile Vencerá fueron tema s que empezamos divulgar en las múltiples actividades de solidaridad con Chile en muchos países de América Latina y Europa, cuando en Nicaragua, apenas a un año del terremoto que destruyó Managua, seguíamos sobreviviendo bajo la dictadura de los Somoza.

Por supuesto, antes de todo esto, las canciones de Atahualpa Yupanqui, Horacio Guaraní, Violeta Parra y Carlos Puebla, y la voz de Mercedes Sosa y Alfredo Zitarrosa nos habían estimulado con sus canciones de tal manera, que sabíamos que tarde o temprano romperíamos las fronteras y nos íbamos encontrar, llenos de energía y esperanza en esa “Canción con todos” que escribió el querido poeta Armando Tejada Gómez con música de César Isella y que mis hermanos del grupo vocal Quinteto Tiempo de Argentina hicieran que me emocionara hasta las lágrimas, allá en aquel Festival de la Canción Política en la RDA, durante el X Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Berlín, Alemania Democrática, en Febrero de 1973.

Vuelvo al presente. Supe que Silvio estaba planeando una deseada gira por Centroamérica desde el 2007. Nos comunicamos por correo electrónico para confirmarlo, porque no quería estar ausente en tan importante evento. Silvio vendría a Guatemala y El Salvador por primera vez y regresaba a Nicaragua después de veinticinco años, desde que nos juntamos, la última vez, en el Festival por la Paz, en aquel hermoso 23 de abril de 1983 en la Plaza de la Revolución, organizado por el Ministerio de Cultura, con el apoyo de la UNESCO y con el financiamiento de la solidaridad internacional, especialmente de Holanda. En ese concierto también participaron Mercedes Sosa, Alí Primera, Daniel Viglietti, Amparo Ochoa, Gabino Palomares, el Grupo Moncada, Chico Buarque, Fagner, Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, Isabel Parra, Luis Rico y Silverio Pérez. A casi todos los habíamos conocido en distintos escenarios del mundo y les habíamos prometido, sin imaginarnos que sería tan pronto, vernos en Nicaragua al triunfo de la insurrección contra la dictadura somocista. Mi hermano Carlos y yo fuimos los anfitriones de aquel encuentro que ahora nos parece un sueño. Abril en Managua fue no solo un concierto, sino una Jornada de la Nueva canción que duró una semana con conciertos en el anfiteatro de la Laguna de Tiscapa y en distintas cabeceras departamentales.

Después de escribirnos varios correos con Silvio y su hermana María de los Ángeles, que es su representante, nos dijeron que se había pospuesto la gira para el verano del 2008 ya que lo de Nicaragua no estaba claro y no querían dejar a nuestro país por fuera. Le agradecí a Silvio. Fue mejor la decisión porque se posponía para el verano del 2008, les comentamos que no había un lugar cubierto para hacer un concierto en invierno con capacidad para más de 1.200 personas. Hablaron de la posibilidad de organizar la gira entre febrero y marzo para hacer conciertos masivos y populares por primera vez en Guatemala y El Salvador, y cumplir con su deseo de regresar a Nicaragua, como todos sabemos, en circunstancias muy distintas y después de la derrota del Frente Sandinista en 1990, con dieciséis años de gobiernos neoliberales y un año después de haber ganado las elecciones Daniel Ortega en el 2006.

La primera vez que nos vimos con Silvio en Nicaragua fue para recibir, desde la Plaza de la Revolución, a miles de jóvenes que regresaban de alfabetizar en las montañas de Nicaragua recién liberada. Nos vimos solo unos minutos porque ese mismo día, yo salía con el grupo Mancotal a una gira por Costa Rica. Silvio se emocionó mucho en la plaza porque volvía a vivir, de alguna manera, su experiencia de joven en Cuba... El ha comentado que fue como una eclosión, una especie de revelación... Actualmente en Nicaragua vivimos una historia muy distinta de aquella, Silvio y yo lo sabemos muy bien, aunque hasta el día de hoy no hemos hablado de esto...

Ya con la noticia confirmada de que venía Silvio, lo único que se nos ocurrió a mi esposa Lucía y a mí, fue recomendarle a él y su hermana que no hicieran el concierto en ningún lugar que no fuera el Estadio Nacional. Que Silvio, sus admiradores y nuestro pueblo se lo merecían y que no había ningún otro lugar seguro y con condiciones como para hacer un evento de esa categoría. Sería la primera vez, en estos últimos dieciocho años que un cantautor de “la otra música” se presentaría en un concierto masivo, porque tanto Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Alberto Cortez y Facundo Cabral, por mencionar algunos, se habían presentado solamente en la sala mayor del Teatro Rubén Darío.

Poco a poco se fueron definiendo las fechas y el orden de los países de la gira. A Nicaragua le tocó el dos de marzo y fue anunciado con algunas contradicciones en la información, sobre todo en el lugar, los precios de los boletos y los patrocinadores. Primero se habló del Estadio Nacional. Luego se habló de la posibilidad de un concierto gratuito en la concha acústica del Malecón patrocinado exclusivamente por la Alcaldía de Managua, lo cual me pareció un riesgo con un costo inmenso en la logística y la técnica de audio y luces y me parecía un poco populista ofrecer un concierto gratuito cuando en nuestro país sigue habiendo mucha politización. Hasta que, finalmente, se confirmó que se haría en el parqueo del Casino Pharaohs, empresa gringa de juegos al mejor estilo de Las Vegas, donde comúnmente se organizan peleas de boxeo. Me pareció una broma primero, luego, al confirmarlo, me pareció que los productores se estaban equivocando totalmente de concepto y que sería una locura presentar a Silvio ahí. Todo estaba por verse.

En los siguientes días, hubo más información por los medios escritos y por los canales eficientes de los cuechos, chismes y bolas de Radio Bemba… Finalmente, empezó a salir la publicidad en viñetas de radio, spots de TV. y en la forma más popular de anunciar todo tipo de eventos en Managua, las famosas mantas que se colocan en las principales calles de nuestra caótica capital. A propósito, este año, Managua había sido declarada, a pesar de todo, Capital Iberoamericana de la Cultura. Por esta razón, se llegó a especular, y con razón, que la Alcaldía de Managua, a lo mejor, patrocinaría totalmente el concierto de Silvio Rodríguez. Al Trovador de América lo anunciaron con letras ilegibles en las mantas publicitarias del magno concierto, y más bien parecía la promoción de una actividad colegial o el anuncio de un concierto de un desconocido artista en cualquier bar de Managua. Luego, al ver el spot de TV., pude comprender que los Productores nicas no estaban dándole el nivel ni la seriedad profesional que correspondía a un concierto tan esperado por una generación de jóvenes que conoció las canciones más populares de Silvio a través de sus abuelos, padres o hermanos mayores, todos, casi sin excepción, dueños de una nostalgia personal o colectiva de los difíciles pero hermosos años de la Revolución Sandinista.

Bueno, viene Silvio. Todo parece estar claro y confirmado. Abrirá el concierto el Dúo Guardabarranco y Moisés Gadea. Me pareció una decisión muy acertada la de invitar, no como teloneros, sino como anfitriones, a estos compañeros, destacados y queridos cantautores nacionales. Se dice que Silvio lo solicitó personalmente a los organizadores, no lo dudo. Todos sabemos, además, que Katia Cardenal, en el año 2001 grabó un CD realizado entre Nicaragua, Noruega y Cuba, con canciones de Silvio donde él participó compartiendo con ella su emblemática canción “Playa Girón”. De tal manera, que el reencuentro con Katia le daba también un sabor especial a la noche en la que, yo pensé, que Katia cantaría a dúo con Silvio una de sus canciones, espontáneamente, talvez como había sucedido en el concierto de Mercedes Sosa, hacía unos días en el Teatro Rubén Darío, donde la Negra Sosa invitó a cantar a Norma Helena Gadea un par de canciones.

Otra cosa que me llamó la atención en la publicidad es que, en ningún momento se destacó, a excepción de una nota de El Nuevo Diario, de la presencia, junto a Silvio, de otro cantautor fundador de la Nueva Trova Cubana, como es nuestro hermano Vicente Feliú. Quizás por eso mismo, cuando Vicente salió al escenario invitado por Silvio para cantar Créeme y El Colibrí (que me imagino, la mayoría del público no se enteró que esta canción es el mismo Romance Español “El Colibrí”, también recopilado en las montañas de Nicaragua, esta vez, en versión de habanera como se canta en Cuba este tema folklórico que cuenta Silvio que lo inspiró para componer sus primeras canciones). El rumor de la gente al dejar Silvio a Vicente solo con su guitarra hizo sentirme mal, lo confieso. Vicente fue tan humilde que dijo “No se preocupen, Silvio vuelve…” Algunos que conocían la canción Créeme, la cantaron tímidamente, pero después del Colibrí el público, en su mayoría, quedó más perdido que un zanate en mitad de las Cataratas del Niágara… Esos pequeños detalles del concierto, para mí, fueron muy lindos y los disfruté en total silencio, imaginándome quizás, que estaba en el corredor de un vieja casona del algún pueblo de nuestro Caribe.

Comenté con algunos amigos músicos que el lugar que habían escogido para el concierto, una vez que le negaron el estadio a la productora, no sé por qué razones, era un lugar inconveniente y hasta me atreví a decir que pésimo. Para colmo, los vientos de esta época del año anunciaban anticipadamente polvaredas que seguramente afectarían al público y a los artistas. Salieron los boletos a la venta... Todos los días se comentaba la respuesta del público en la adquisición de entradas. A última hora se anunció el precio especial para estudiantes y personas de la tercera edad, me pareció una muy buena decisión. Yo acabo de cumplir sesenta y tres años y agradezco la cortesía que hay en los Bancos para la gente mayor de edad, pero no tenía pensado ir al concierto, sabiendo que iba a estar incómodo, expuesto al polvo y al humo de las fritangas y los fumadores. Pero, de todo corazón, deseaba que fuera una noche inolvidable, mágica, contagiosa y que, (aunque dudaba alcanzaran las 15.000 personas que los organizadores apostaban lograr ingresar), que Silvio, Vicente y sus compañeros músicos, tuvieran un público con la adrenalina al tope y con el mayor de los respetos para el trabajo en el escenario de este hermano del canto latinoamericano y el exponente, junto a Pablito Milanés, más destacado de la Nueva Trova Cubana y de la Canción Latinoamericana. La otra música, como nos gusta llamarla a algunos.

Vuelvo al pasado y los recuerdos…Con Silvio tuvimos la oportunidad, que no siempre se tiene entre artistas que se encuentran en los famosos Festivales Internacionales, de conocernos un poco más. Fue de regreso de una Jornada de la Canción Latinoamericana en Uruguay, cuando ese país hermano regresó a la Democracia en 1985 y Viglietti, Los Olimareños y otros cantautores de Uruguay nos invitaron para un multitudinario concierto que nos recordó nuevamente el de Managua en 1983. Antes, con Silvio habíamos estado representando a nuestros respectivos pueblos y revoluciones, en el XII Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes en la Unión Soviética . Pero después de los noventa, solo nos habíamos hablado un par de veces por teléfono, nos habíamos enviado recados con amigos comunes, y últimamente, como ya he contado, nos escribimos por correo electrónico. Esto sucede con muchos amigos, especialmente entre artistas, aunque casi nunca nos veamos, seguimos manteniendo una amistad mucho más allá de los años y las distancias. Mucho más allá de los silencios y los cambios de realidades en nuestros países, mucho más allá de la urgencia de una canción aún no escrita…Algunos de estos compañeros de oficio han muerto y han dejado una huella imborrable, como es el caso de Víctor Jara, Alí Primera, Amparo Ochoa, Alfredo Zitarrosa, Noel Nicola, Orlando Gamboa, Caito Diaz . Todos tenemos que envejecer y morir, pero sabemos que las canciones ahí están, nuevecitas, como la primera vez, cargadas de una gran humanidad y un deseo siempre renovado de defenderlas desde el lado izquierdo del corazón, donde la esperanza pasta como un unicornio…

También sabía que Silvio había tenido problemas por el frío y el viento en el estadio de Guatemala. Lo vi en una foto de un periódico guatemalteco, por Internet. El concierto en El Salvador, fue muy especial por el recuerdo de la amistad con el poeta Roque Dalton y su hijo Roquito. Silvio vino a Nicaragua cansado pero siempre dispuesto a cerrar este ciclo histórico en Centroamérica.

Yo sé lo que es cantar casi afónico y con problemas en los pulmones. También conozco el “miedo escénico”… que nunca se supera. El público casi nunca se entera de esto porque los artistas generalmente nos entregamos en cuerpo y en alma, precisamente, cuando hacemos una diferencia entre lo que es el arte y lo que es la industria del arte o la empresa comercial… Independientemente del derecho que tenemos de que nuestro trabajo sea justamente remunerado, que nuestros derechos de autor sean respetados y nuestro trabajo artístico apoyado de la mejor manera, profesionalmente con la tecnología moderna, más allá de lo que cada uno escoge como tema y contenido.

Finalmente, todos los rumores, bolas y cuechos alrededor de la llegada de Silvio Rodríguez empezaron a confirmarse. Yo me encontraba camino a San Juan del Sur, para realizar un concierto en prevención contra el VIH y el sida organizado por la Fundación Mejía Godoy y otras organismos, en la tarde del domingo 1º. de marzo, cuando Silvio, su hermana, Vicente Feliú, los músicos del grupo Trovarrocco y el equipo de técnicos, llegaban por fin a Nicaragua. Sabía que no íbamos a poder vernos. El tiempo era limitadísimo entre pruebas de sonido, descanso y preparación del concierto.

Solo faltaba entonces el último concierto tan esperado en Nicaragua que inclusive, había alborotado a muchos fans de Silvio en Costa Rica y Honduras, quienes organizaron una caravana que viajó ese mismo día para hacer una infinita cola por más de dos horas y media cuando ya el cantautor nacional Moisés Gadea y el Dúo Guardabarranco había iniciado su parte introductoria. Yo estaba afuera en esa larga fila, no me lo contaron.

Me imagino, o quiero imaginarme que, Silvio, cuando vio desde el avión, los patios baldíos de la vieja Managua (a los que se refirió Julio Cortázar en su poema Declaración de amor a Nicaragua, poema que después le puso música mi hermano Carlos), y haber reconocido la Plaza de la Revolución, antes llamada Plaza de la República, después bautizada Plaza de la Fuente Musical, y hoy, nuevamente confirmada Plaza de la Revolución, pudo haber recordado, quizás, aquella tarde del Concierto por la Paz en Abril de 1983, donde nuestro pueblo, en medio de una guerra fraticida, un bloqueo bárbaro e injusto impuesto por los gringos, y un calor casi llegando a los cuarenta grados, pedía a gritos a Silvio sus canciones más queridas, y él en un gesto solidario, muy común entre los trovadores de nuestra América, estrenó su Canción Urgente para Nicaragua, acompañada por el grupo Manguaré (que según cuentan, Silvio la escribió en el avión en el que venía de La Habana) y que quedó registrada para siempre en el corazón, la conciencia y la memoria de nuestro pueblo, pero también en un CD y un en Video que se grabó ese día y que contribuyó a denunciar la guerra que contra Nicaragua imponía el gobierno de Mr. Ronald Reagan, gobernante de la potencia más grande del mundo que insistía en convencer en sus discursos que el mundo era en blanco-y-negro, como las películas de vaqueros que él protagonizó en el Hollywood de los años cuarenta.

Como que es hoy, ahí están las imágenes del concierto por la Paz. En video y en fotos, los rostros de los muchachas y muchachos, curtidos por el sol, con sus gorras verde olivo, sus sombreros de palma y sus pañuelos rojinegros en el cuello. Con sus sonrisas brillantes como el sol de abril, a pesar de la escasez y la pobreza... Los padres y madres con sus hijos en brazos. En aquel emblemático Festival, las banderas de Nicaragua y el FSLN ondeando entre la multitud que había acudido desde tempranas horas de la mañana. Los Comandantes, por primera vez, confundidos entre el público y no en la tarima. La poesía y el canto de nuestro Continente presidiendo este inolvidable e irrepetible festival… La Cultura en el poder. El poder de la Cultura. “Solo le pido a Dios”, del querido trovador argentino León Gieco,vibrando en la potente voz de Mercedes Sosa. En ese mismo concierto que tuve el honor de abrir con mi canción “Yo soy de un Pueblo Secillo”. El pueblo cantó a coro cerrado con Daniel Viglietti su conocídísima canción “A desalambrar” y escuchó otro tema que esa tarde estrenó,“El sombrero en alto de Sandino”. El corazón aceleraba su ritmo. El zenzontle mexicano, Amparo Ochoa, a dúo con Gabino Palomares nos cantó esa canción fundamental para nuestra resistencia cultural “La maldición de la Malinche”. Alí Primera, desde Venezuela, vino especialmente para abrazar al pueblo salvadoreño con “El sombrero azul”, que desde entonces se convirtió en un himno de la la lucha por la paz del Pulgarcito de Centroamérica. En fin, Chico Buarque y Fagner de Brasil, Isabel Parra de Chile, Luis Rico de Bolivia, Silverio Pérez de Puerto Rico, Adrián Goizueta de Costa Rica, hicieron con sus canciones una fiesta de amor y de solidaridad. Mi hermano Carlos y su grupo, Los de Palacagüina, cantaron el poema-canción de Gioconda Belli que se hizo consigna “No pasarán” y Nicaragua, Nicaragüita se convirtió a partir de esa tarde en la más hermosa canción de amor a Nicaragua . Hoy, todavía se me encharcan los ojos. Estoy seguro que Silvio tampoco olvida ese día. “Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente…”. “Andará Nicaragua su camino en la gloria…”. “Se me Rugama el corazón…Es el sombrero en alto de Sandino…”. “No pasarán, amor no pasarán…”, “Pero ahora que ya sos libre, yo te quiero mucho más…”. Yo pienso que Nicaragua nunca fue ni será ayer igual que hoy, ni será mañana igual que ayer, aunque nosotros sigamos siendo los mismos… Somos los que fuimos y fuimos lo que éramos. “Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino, Yo me muero como viví…” afirma Silvio en su canción “El Necio”, la canción que escogió para iniciar su concierto del dos de marzo del 2008.

Al terminar el concierto del 23 de abril del 83, cuando desarmaron la enorme tarima de la Plaza de la Revolución, y regresaron los equipos sofisticados de audio y luces a Holanda por barco desde el puerto de Corinto por donde habían llegado hace unos días. Cuando las cámaras de TV. que grabaron el concierto se apagaron y el pueblo regresó a sus casas, tranquilo, sin temor a ser asaltado, a pie, al “ride” o amontonado en una camioneta o un camión IFA, allá, en la Plaza de la Revolución, dentro de la estructura de hierro y cemento de las ruinas de la vieja Catedral, quedó, como un eco aquel canto solidario que este dos de marzo del 2008 volví a escuchar en el concierto de Silvio, y se me coló de nuevo “entre el espanto y la ternura”, mientras, después de hacer una fila durante una hora y media, decidí buscar otra manera de entrar (por donde más tarde entraría Silvio con su guitarra) y dije que éramos invitados de él, pues a media noche, mientras yo regresaba de mi concierto de San Juan del Sur, mi esposa Lucía, recibió una llamada de Maria de los Ángeles, para decirnos que Silvio nos invitaba a su concierto. Pasamos a recoger los boletos de cortesía.

Ya Guardabarranco interpretaba sus últimas canciones. “Guerrero del amor” era coreada por una buena parte del público, aunque la mayoría de ellos no estuvieron en los Frentes de Guerra en los años 80… Los más desesperados pedían, mejor dicho, reclamaban la presencia de Silvio. La canción “Casa abierta” salió del corazón de Salvador y Katia, abriéndole las puertas de nuestro país a Silvio, que no es hoy la misma Nicaragüita que él conoció, mientras el público, todavía en su mayoría haciendo fila afuera, presionaba contra el único portón, logrando romperlo después, lo que permitió entrar a empujones y codazos a los rezagados y pacientes fans y uno que otro ¨colado¨ que pasaba por ahí y que no entendía por que tanta bulla para escuchar las canciones, que no eran regaetones de moda ni con un volumen ensordecedor, de un hombre que con una guitarra sobre sus rodillas proponía uno de los temas más cantados por “moros y cristianos” y que esa noche coreaban furiosa y alegremente los jóvenes de ayer y de hoy: “Ojalá que el deseo se vaya tras de ti a tu viejo gobierno de difuntos y flores…”

Un niño como de doce años saltó de su silla, como impulsado por un resorte, al reconocer el tema que había esperado hasta entonces, se abrazó a su madre que trataba de secarse la lágrimas sin echar a perder su maquillaje. Porque Silvio, en este concierto, cosa que disfruté muchísimo, hizo versiones muy distintas, sobre todo, en las introducciones, intermezzos y solos del grupo maravilloso de músicos que lo acompañaron, propuesta acústica, delicada, más para un teatro que para un concierto al aire libre, según mi opinión…
El tres cubano hilvanando melodías del punto guajiro, o recorriendo las venas de nuestra América con el son, la habanera y la chacarera. Cajón, bongoes, batería, congas, o simplemente con un pandeiro brasileño como sucedió con una de mis canciones favoritas, “Pequeña Serenata diurna”. Silvio haciendo segunda voz con su público. El concierto se desarrollaba sobre un pedregoso camino y el Juglar proponía la belleza como única forma de vencer los espejismos, como también propone el cantautor español Luis Eduardo Auté. Un concepto hermoso pero lamentablemente muy mal aprovechado por los productores que confundieron el concierto de Silvio con una pelea de Rosendo Alvarez. Solo faltó el ring, porque la barra al final pidió urgentemente otro round. Silvio regresó dos veces al escenario para seguir proponiendo “aflojar odios y apretar amores…” como dice en su canción “Reparador de Sueños”.

Apenas comenzaba la noche y la canción (de marketing, como el mismo Silvio la llama, ironizando…) “El Necio” aún no era más que la propuesta del trovador para iniciar el concierto que iba a ser acompañado por el trío Trovarroco (formado por Rachid López, César Bacaró y Maikel Elizarde, especializados en temas clásicos del barroco y del Renacimiento), el percusionista Oliver Valdés y una joven flautista, afinada y precisa, que parecía uno de los ángeles que suele pintar Silvio en sus canciones. Estoy seguro que Silvio ya sabía que además de las canciones coreadas, en más de dos horas de concierto, la mayoría muy conocidas y popularizadas por los vendedores piratas de CDs que seguramente hicieron su agosto este dos de marzo, no faltarían las gargantas que desde casi la mitad del concierto propusieran, rogaran, solicitaran, exigieran, la famosa “Canción Urgente para Nicaragua” que al final, después de la decisión de Silvio de no cantarla, o explicar que tenía problemas con esta canción y hasta pedir disculpas, se iba a convertir en el tema de la noche... La suerte estaba echada. La voz del trovador se proyectaba por encima del rumor que recogía un micrófono abierto para captar el ambiente del concierto… Era casi como estar en un bar enorme donde la gente hablaba, gritaba, pedía un trago o simplemente comentaba la canción de turno. Yo seguía en silencio, intentaba concentrarme en el trabajo del tres y la guitarra que muchas veces se perdió por la mala sonorización. Desde el rincón más lúcido de mi corazón y mi conciencia me hacía cómplice de Silvio.

Me seguían llegando los recuerdos…Ahora me fluyen como un río de aguas transparentes y tranquilas… En una oportunidad, a finales de los años noventa, en un bar de la capital frecuentado por jóvenes de clase media, muchos, hijos de Sandinistas o disidentes del FSLN, me pidieron hacer un concierto. Por supuesto, pagado. Fue una aventura y un riesgo que quise correr. En medio de cervezas, rones, tequilas, mucho humo de cigarrillos, gritos, coros desafinados, una que otra lágrima y un rumor insoportable pero natural en esos ambientes nocturnos, logré salir adelante, como un torero que sale ileso del ruedo, o un alambrista que logra el equilibrio necesario sobre la cuerda floja... Al final, al despedirme, después de cantar “Somos hijos del maíz” y “Nicaragua Nicaragüita”, me pidieron a gritos “La Consigna”, canción de la guerrilla del FSLN, compuesta por mi hermano Carlos en los años setenta e inevitable de incluir en el repertorio de los conciertos y actividades políticas en las plazas de nuestro país en los años ochenta. Me negué a cantarla diciéndoles que no la tenía en repertorio y que no me la sabía. En realidad, no quería cantarla ni ahí ni en ninguna parte. En el concierto de Silvio, cuando le pidieron “Canción urgente para Nicaragua” y Silvio respondió lo que todos sabemos, inevitablemente recordé mi experiencia. Yo recibí una rechifla y protestas en aquel bar. Empezaron a golpear las mesas con las botellas y con las manos. Podrían haberlo hecho con las tarjetas de crédito, (parodiando lo que dijo John Lennon). Yo me retiré del escenario. El propietario del lugar me rogó que saliera a cantar de nuevo antes de que los jóvenes rompieran el local. La verdad es que esto ha pasado en este y el otro lado del mar. Hay miles de historias escritas y por escribir… Entonces les dije a los jóvenes que si querían cantar ellos “La Consigna”, mi grupo y yo los acompañaríamos, y así fue…

Esto me trae también el recuerdo de una experiencia en Guatemala, donde me negué a cantar la canción “Comandante Carlos Fonseca” por tratarse de un himno que no tenía que ver nada con el concierto de aquella noche en el local “Trovajazz”. Yo mismo, por mucho tiempo me había censurado de cantar “Yo soy de un pueblo sencillo” después de la derrota electoral del FSLN, pero con el pasar de los años, yo mismo, sin ninguna presión volví a incluirla en mi repertorio para cantarla en el lugar y el momento que deseo hacerlo y creo conveniente. Pero este es mi caso y no el de otro y es mi propia decisión. Silvio hizo lo que tenía que hacer. Yo hubiera hecho lo mismo.

Leí algunos comentarios que se publicaron en El Nuevo Diario, además de otros artículos que se escribieron después del concierto de Silvio, en relación a la comercialización del arte y los artistas, al ser o no revolucionario por cobrar honorarios y pedir condiciones técnicas y logísticas para nuestro trabajo. Y hasta comparar a Silvio con cualquier artista que se sube a un escenario a divertir a la gente. Me parecieron comentarios totalmente equivocados y hasta groseros. Entonces se me ocurre contar un par de anécdotas.

Después de la derrota del FSLN, alguien que llegó a vernos a un concierto al Café Concert La Buena Nota, reclamó que por qué se estaba cobrando la entrada si los Mejía Godoy habíamos cantado siempre en plazas públicas y de forma gratuita para el pueblo. La respuesta fue simple, porque vivimos de nuestro trabajo, dijimos. Luego, cuando exigimos que requeríamos de una producción profesional en audio y luces para nuestros espectáculos, que no necesariamente fueran en el Teatro Rubén Darío, nos dijeron que se nos estaban subiendo los humos a la cabeza y que ahora cantábamos solo para la burguesía… o que ahora nos estábamos pareciendo a los artistas comerciales…

Por último, una vez, recién el triunfo de la Revolución, me encontraba haciendo una presentación en el pueblito de Terrabona, cerca de Sébaco, y un niño que nos seguía a unos pasos de distancia, finalmente se me acercó y me dijo,”Tóqueme la Josefana”, y metiéndose la mano en el bolsillo sacó una moneda de veinticinco centavos y me la dio. Era todo lo que andaba ese niño en su bolsa. “O casi todo, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual…”

No quería escribir estas palabras que no son necesariamente una crítica a los organizadores del concierto, ni una cobertura periodística, ni una reflexión ni una defensa de Silvio ni material para un debate ni nada que se le parezca, sin dejar que los recuerdos fluyeran sin prisa y compartir la emoción, las contradicciones que sentí y el silencio que hice durante todo el concierto de Silvio porque me estremecieron sus canciones como a cualquiera que sabe que frente a nosotros estaba el cantor, el juglar, el trovador, el poeta, el ser humano, el artista, comunicándose como él lo sabe hacer, con esa su voz tan particular y acurrucando su guitarra, con una carga de honestidad, sinceridad y coherencia a toda prueba.

A lo mejor más de un problema había resultado en su visita a Nicaragua. Con un audio que dejó mucho que desear y no logró mostrar de la mejor manera el trabajo profesional de los increíbles músicos originarios de Santa Clara. Al fondo del escenario una pantalla negra en la que se intentaba proyectar estrellitas y figuras geométricas más bien distraían… Y un público era más lo que hablaba y gritaba que lo que escuchaba, con su respectiva dosis de banderas de Cuba, Nicaragua y el FSLN como si se trataba de un acto político en aquel terreno, propiedad de uno de los Casinos de Juegos que han invadido el país en los últimos años de la nueva Nicaragua y la propuesta de la clase política de “desarrollo y prosperidad…” Solo faltaron los candidatos a alcaldes.

Andará Nicaragua su camino en la gloria…? No sé, pero estoy seguro que fue la sangre sabia de los héroes la que escribió nuestra historia, hasta que las cosas cambiaron para mal. Me lo dijo un hermano que ha sangrado conmigo, me lo dijo un cubano que supo cantarnos que la era paría un corazón (cuando el Ché era asesinado), mientras en nuestras pequeñas “Bananas Republics” de Centroamérica, bajo la bota de las dictaduras tropicales, seguía teniendo más valor una mula que la vida de un obrero. Se llevaron el oro y nos dejaron los pulmones perforados. Se fueron las Bananeras y nos quedaron las secuelas del Nemagón y la indiferencia de los gobiernos de turno en los últimos dieciocho años... Vinieron las Maquilas en la Nueva Era y seguimos, quinientos años después de haber cambiado oro por espejos de vidrio, esperando nuestra redención. Mientras tanto, la sombra vertical de Sandino, desde la Loma de Tiscapa seguirá siendo un espectro con Bolivar, el Ché, Leonel Rugada, Roque Dalton, y muchos más.

Cuando Silvio dedicó su hermosa canción (que escuché por primera vez en abril de 1983) “El dulce abismo” a los cinco hermanos cubanos prisioneros políticos en las cárceles de EEUU, sonreí con los ojos húmedos y la piel de gallina, cómplice con su pueblo en la amistad, la solidaridad y la ternura. Quizás muchos no se dieron cuenta de qué hablaba Silvio, porque quizás lo llegaron a ver cantar sus éxitos, que por supuesto, no tiene nada de malo.

“Solo el amor de tanta sangre derramada hizo posible tanta luz en nuestras vidas. Solo el amor reverdecido entre la muerte donde con actos se respaldan las palabras… “ dice una estrofa de una canción que escribí en 1993. Solo el amor hizo posible este concierto, digo ahora.

Sigue siendo urgente una nueva canción para todos los tiempos. Gracias a Silvio, hermano, compañero y amigo, por su entrega sin bozal, más allá de los pronósticos y los comentarios… Gracias por seguir echando redes a los sueños… Quiero que Silvio sepa que su visita nos ha servido para reafirmar más nuestro oficio de trovadores itinerantes, comprometidos con el arte y la cultura. Sé que ahora estamos más unidos que nunca, en la lucha contra cualquier tipo de guerra y de injusticia en el mundo. Sé que él vino a sumar por encima de las diferencias, con su poesía y su música, para replantearnos los sueños… lo siento por los que urgían escuchar una canción en particular.

Para terminar, recuerdo los versos de una canción que escribí en 1972 pero que pude haberla escrito después del concierto de Silvio.


“El cantor no tiene estrella porque es dueño de la noche
cuando llora su guitarra se llena de mariposas
el sendero que ha escogido junto al pueblo va venciendo
va luchando, caminando, con el grito en la garganta
y el corazón en la mano…”

Luis Enrique Mejía Godoy en Toronto (Torontohispano.com)

Cantando para el recuerdo

El cantautor y poeta nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, que después de casi una docena de visitas a Canadá es ya casi un ciudadano honorario, estuvo de visita este Sábado 30 de Septiembre en el Ukranian Hall de Toronto. En este concierto, en el que una audiencia sumamente mixta de nicaragüenses y personas de toda Latinoamérica —e incluso de gente que no eran de habla hispana— disfrutaron no solo de la música, sino del humor, la sabiduría y del lenguaje poético y afectivo de este tan querido y admirado artista.
Este evento es parte de un esfuerzo más de la radio Voces Latinas, encabezada por el Padre Hernán Astudillo, para recaudar fondos, ya que ellos se encuentran en medio del proceso de instalación de una nueva antena, con más capacidad, para que la radio tenga más potencia, y así un mayor alcance geográfico. Este proyecto está a punto de cerrarse en las próximas semanas, ya que según comenta el Padre Astudillo, "ya tenemos el lugar donde vamos a asentar la antena, y la primera semana de Octubre nosotros estaremos firmando el contrato para la renta de la tierra. El evento de esta noche es precisamente para colectar la esperanza."

Luis Enrique Mejía, quien tiene una trayectoria musical que abarca varias décadas, y que conserva su manera afable, cariñosa y popular de ser y expresarse, tanto al sostener una conversación con él o en el escenario, agasajó al público con incontables temas de sus más recientes producciones como Que tiene la música, Crucificados, Tengo a América y Por una Canción. Pero también nos llevó de la mano en un viaje de recuerdos por nuestra patria querida, al escuchar canciones como Pobre la María, el Cristo de Palacagüina, El Primero de Enero y Venancia.

Este artista es ya no solamente un símbolo de orgullo patrio para su tierra natal, sino que también representa con mucho orgullo el cantar latinoamericano. Tal es el alcance de su música hacia toda Latinoamérica y el mundo, que en este evento el concejal Joe Mihevc, en nombre del alcalde de Toronto, David Miller, le otorgó al artista un reconocimiento como Trobador sin Fronteras, honor que Luis Enrique recibió muy emocionado y agradecido, entre los aplausos y gritos de júbilo del público.

Luis Enrique Mejía, hermano del conocido cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, de quien dice son “batidos en la misma jícara y con el mismo molenillo,” viene de una familia de varias generaciones de músicos y poetas. “Vengo de una familia de locos, trapecistas, traquimbaques, músicos itinerantes, trobadores errantes. Andamos del timbo al tambo cantándole a la vida.”

El artista comentó a TorontoHispano.com que “me siento muy emocionado. A veces me entristece un poco pensar que ha costado tanto la libertad de nuestros pueblos y tanta sangre derramada que me da una cosa entre rabia y ternura, una cosa que me da por dentro. Al estar en un escenario, yo soy un profesional, pero a veces uno mismo se puede quebrar por dentro, porque son muchas las emociones y las contradicciones que tengo como ser humano.”

Las contradicciones y las controversias no son extrañas en la vida de este artista, que recorre el mundo llevando el mensaje de un pueblo que todavía sufre, con canciones que a veces contienen un tono político con el que muchas personas automáticamente lo identifican, y de alguna manera quizás hasta lo rechazan. A esta gente, dice Luis Enrique, “le diría que yo soy súper tolerante, que yo soy una persona de mente totalmente abierta. Es mi derecho cantar, pero yo nunca voy a ofender a nadie porque cante una canción que a mi no me guste. Hay mucha gente que ha cambiado después de un concierto. Es una cosa milagrosa para mí.”

Yo soy testigo de esto, al observar como secciones del público de vez en cuando gritan consignas apoyando a uno u otro partido e ideología política, mientras Luis Enrique canta. Con su voz apaciguadora, pero firme, y con su humor jocoso y popular, él desvía y apaga cualquier incidente que pudiera ocurrir, y envuelve al público y lo convierte en uno solo, cantando a una voz, mostrando nuestra alegría y orgullo al tener en esta ciudad a este personaje tan reconocido en nuestra cultura, y quien se presenta en Toronto como un emisario y representante digno de lo que queremos mostrar al mundo como país; cantando canciones que ofrecen al mundo piezas de nuestra historia, de nuestras raíces, de nuestra cultura, de nuestra gente, de nuestra lucha.

“Yo le canto al pueblo, a la historia de Nicaragua,” comenta Luis Enrique. “Le canto a mi vida, a las historias de mi vida cotidiana. Le canto a mi mujer, le canto a mis hijos, le canto a mi madre. Le canto a los paisajes, le canto a la identidad. Le canto a la historia. Por eso digo, no vengo a abrir heridas, vengo a tratar de subsanarlas, porque yo cuando canto una canción al general Sandino, la canto con muchísimo respeto. Y no se la canto a un partido, se la canto a la historia.”

“En todos los rincones del mundo hay un nicaragüense, y latinoamericanos también,” continúa Luis Enrique. “Yo a lo que vengo aquí es a refrescar un poquito esa memoria, a abonar esa plantita, a ponerle un poco de agua, a ese árbol que tiene que crecer, porque nuestros hijos y nuestros nietos tienen que saber que Nicaragua merece un futuro limpio y que ha sido tan difícil construirlo,” concluyó el artista.

Luis Enrique Mejía Godoy:“Entre mas lejos esté del poder, duermo más tranquilo y soy más libre”

Por Álvaro Bagnarello Ramírez

Productor y director de Nicaragua Hoy

Lo tenía muy claro desde que Lorna Chacón, mi querida amiga y periodista costarricense, que hoy trabaja para Papaya Music, me lo propuso hace unos 15 días atrás. Esta vez, platicar con Luis Enrique sería una experiencia muy diferente a las anteriores. Y cuando digo las anteriores incluyo aquellos breves y casi eufóricos encuentros previos al inicio de algún recital o concierto en CECUPO, el ya desaparecido Centro de Cultura Popular en las cercanías de la Universidad de Costa Rica (UCR), en San Pedro de Montes de Oca, cuando todos nosotros, con 30 años menos, teníamos el alma más ligera de penas y más llena de esperanzas, pero cargada con una inmensa dosis de amor por Nicaragua. En este enero de 2008 el amor es igual, o quizá mayor; un poco más apesadumbrada el alma y definitivamente más gastada la esperanza.

A la hora de volver a encontrarnos el abrazo parecía seguir siendo el mismo de los años 70’s pero yo y seguramente también él, supimos que en medio de nuestro interminable aprecio personal había toda una historia nueva qué contar… no solo a mí, sino por mi medio, a todos aquellos que vimos y escuchamos al “cantor de manos jodidas” interpretar nuestra esperanza de regresar algún día “con los hijos grandes, a los que yo siempre les hablé del sol….”, “con las manos grandes para trabajar”.

Y aunque hoy tengamos viejas y nuevas heridas en la piel y en el alma, la esperanza sobrevive. Luis Enrique Mejía Godoy, junto con los colegas periodistas del diario La Prensa, Elí Josué Bravo Cano, y del El Centroamericano, Elvis Martínez, que participaron de la entrevista, hicimos de la historia un poco de bolero, de son, guaguancó, joropo, swing, jazz y hasta calypso. No porque tengamos el privilegio artístico de nuestro entrevistado, sino por que él, a través de su obra, nos llevó con ritmo, cadencia y hasta un poco de nostalgia, hasta lo más profundo de nuestro ser nicaragüense que vive, revive y seguirá viviendo adonde quiera que nos lleven las mal andanzas del poder. Hasta que un día, todos, decidamos que las cosas anden bien y regresemos al país que queremos.

Luis Enrique anunció también que dentro de poco tiempo estrenará una nueva producción discográfica titulada “Tengo América en mi Voz”, que incluye un tema dedicado a los inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica. La canción se llama “Al otro lado del río” y en ella se afirma, que aunque se manda mucho dinero en remesas hacia Nicaragua como producto del duro trabajo que los nicaragüenses realizan de sol a sol en Costa Rica, todos ellos abrigan dentro de su corazón la esperanza de regresar “algún día” a su querida tierra “porque ningún nicaragüense entiende la vida viviéndola sin Nicaragua”.

Luis Enrique Mejía Godoy llegó a Costa Rica para presentar su más reciente producción artística en disco digital que se titula “Mis Boleros”, la cual incluye diez preciosos temas que él mismo compuso y que, aunque están influenciados por algunos géneros musicales que son afines a toda su obra musical, como el jazz y el ritmo afro caribeño, conservan la esencia de los célebres boleristas de la América Latina. El disco, producido por Papaya Music en una presentación de gusto y elegancia triple A, fue dedicado por Luis Enrique, en Nicaragua, a nuestro célebre compositor Rafael Gastón Pérez (Oreja de burro) y a Luis Méndez (ambos fallecidos); en vida, el homenaje fue para César Andrade y Tránsito Gutiérrez, dos grandes boleristas de la vieja Managua. En Costa Rica, al gran artista costarricense (también bolerista) Ray Tico, recientemente fallecido, por quien Luis Enrique expresa profunda admiración y respeto por su profesionalismo y calidad humana.

Y sin más preámbulos, comparto con usted la tertulia donde Luis Enrique saca, de “lo más íntimo de su baúl” las vivencias, los recuerdos y hasta los presagios, que han marcado sus 62 años de vida y que en gran medida han quedado registrados en “Mis Boleros”:


LEMG: Vine a Costa Rica a brindar una serie de entrevistas para presentar este nuevo disco, que es muy especial, porque es una deuda que yo tenía hace muchísimos años conmigo mismo, con mi mujer y con mi público también.

Álvaro B.: ¿Son creaciones inéditas y todas son originales?

LEMG: Yo he cantado algunas de estas canciones en público pero nunca habían sido grabadas y sí, todas las canciones son mías. Precisamente por eso se llama “Mis Boleros”, no creas que es por algún truco publicitario. Y te digo, algunas de estas canciones las escribí hace 40 años, cuando yo apenas tenía 22… por lo menos una de ellas es de hace 40 años y se llama “Sin Condición”. Las otras son composiciones de hace 15, 25 y 30 años, pero hay otras que escribí especialmente para este disco, cosa que no suelo hacer, pero quería empezar el disco con un poema (El Bolero), cosa que no había hecho en toda mi vida de producción discográfica.

Álvaro B.: Tengo entendido que además de ese poema, el disco incluye por lo menos dos composiciones que en un inicio fueron poemas y luego los musicalizaste para convertirlos en canciones. ¿Ese es tu estilo de trabajar siempre o fue una situación excepcional?

LEMG: Si es cierto; bueno, normalmente escribo un tema, que puede ser de amor o un tema social, y como decimos en buen nicaragüense: “en escribiendo”, es decir, mientras voy escribiendo se me ocurre una melodía…. Claro, escribo con la guitarra en los brazos. Y ahora se me hace también más fácil por el uso de la computadora, que te facilita las cosas en una gran medida. Entonces, se puede decir que voy escribiendo la letra y la música casi al mismo tiempo. Puede que al final cambie un poco la música o la letra. Yo soy una persona - no como Carlos Martínez Rivas - pero sí, de muchos borradores.

Álvaro B.: Tu hermano Carlos contaba como anécdota que a veces le llega la ráfaga de la inspiración en un momento inesperado y que entonces se le dificulta encontrar los medios para dejarla registrada, para que no se le vaya. Incluso, ha llegado a escribir la letra de una canción en un papel de cigarrillos. ¿Te pasa a vos lo mismo?

LEMG: Me pasa una cosa parecida. Y desde que escribo, porque también estoy escribiendo relatos, cuentos y ensayos, entonces lo que hago es simplemente escribir y después decido que forma le voy a dar a eso. Lo importante es que no se me escape la motivación, la idea, la inspiración, el golpe, el milagro, la caída de la moneda, el timbre del teléfono, como quiera verse o decirse. Aunque no tengo un método riguroso para escribir, trato de hacerlo con sentido, aunque sea algo tan simple como redactar un correo electrónico.

Tengo que decirte que me gusta mucho escribir y además, he descubierto que me relaja mucho.

Álvaro B.: ¿Te relaja más que escribir canciones?

LEMG: Mira, eso de la música es mucho más complejo. Yo no solamente escribo canciones, sino que también soy un artista que ofrece espectáculos, conciertos, giras, mis discos y produzco discos para otra gente. También escribo canciones con mi hermano Carlos para determinados temas, como uno que estamos haciendo en este momento para promover el turismo de Centroamérica, con diferentes autores centroamericanos incluida Nicaragua. Entonces, todo eso me produce mucha tensión a diferencia de la literatura y la poesía y además estoy dibujando…

Josué B.: ¿Y eso es nuevo?

LEMG: Dibujé algo cuando era joven, como de unos 15 o 16 años. Pero se podría decir que es algo nuevo que estoy descubriendo en mí como creador. Yo me he dado cuenta, y así me gusta asumirlo, que soy un creador, por encima de un músico o de un poeta, y utilizo cualquier herramienta que tenga en la mano para transformar la realidad o reinventar la vida.

Josué B.: ¿Qué te gusta pintar?

LEMG: Me gustan las máscaras, los rostros. Soy un enamorado del mestizaje y siempre dije que el mestizaje nicaragüense no solo podía ser indígena – español, sino que la cultura africana tiene una influencia muy grande en esa mezcla racial y cultural. Por esa línea enfoco mi creación y lo hago a través de la poesía y la canción desde hace varias décadas, a pesar de que en ese entonces no conocía personalmente la Costa Atlántica de Nicaragua.

Álvaro B:. ¿Algún momento especial para que te llegue la inspiración o para invocar a las musas?

LEMG: No creo en las musas. No puedo esperarlas y a como dice Serrat (Joan Manuel), a lo mejor andarán de vacaciones. Yo me provoco, leo mucho desde hace 15 años para acá. Quizá soy un lector tardío porque antes era un “activista” de la música y realmente no me quedaba tiempo, pero la verdad es que sigue siendo una mala excusa. Yo recomiendo a toda la gente que lea, a todo el mundo, pero sobre todo el que escribe, el que opina debe leer mucho. Yo leo mucho y lo hago, a pesar de que un principio creí que no iba a poder hacerlo, por Internet.

Álvaro B:. ¿Qué te motivó a dedicar tu disco en Costa Rica a Ray Tico?

LEMG: Porque lo quiero mucho aun desaparecido. Incluso escribí unas décimas para él que llevan por título “Réquiem al Bolero”. Además, porque de él aprendí muchas cosas. Lo conocí en condiciones muy particulares, en casas de amigos comunes, en un ambiente de bohemia. Y lo escuché tocar su guitarra y cantar como lo hacía con el público, porque él no hacía diferencias. Y esa también es una enseñanza: No tener dos caras, una cuando estás en una casa tocando guitarra y otra en el escenario. Lo que cambia en el escenario es la tecnología y no la comunicación, la honradez, la sinceridad, la coherencia, la transparencia, el desenfado, como dicen los españoles. Y me gusta esa onda porque estoy más cerca de esa generación y de ese concepto que de otros estilos o espíritus que privan en otros artistas. Y esto tiene que ver con la diferencia que yo hago entre la “industria de la música” y “el arte de la música”; y yo pertenezco al arte de la música.

Josué B.: ¿Qué le genera presentar este disco en un país que le ha dado tanta acogida usted, a sus familiares y a otros artistas nicaragüenses?

LEMG: Esa pregunta me obliga a retroceder en el tiempo. Yo vine hace 40 años a Costa Rica a estudiar Medicina. Me encontré con un grupo de música juvenil que se llamaba “Los Rufos” y me enamoré de la música. Entonces, este país de alguna manera me permitió dar un paso trascendental en mi vida profesional que fue dejar la medicina y asumir la responsabilidad de ser músico con este grupito de compañeros, con los cuales hice varios viajes a Nicaragua.

A partir de ese momento se inicia un ciclo en el que mi vida va a estar marcada por dos países: Costa Rica y Nicaragua. Además de que yo soy un gran promotor y defensor de la integración centroamericana, siempre pensé que la música iba influir a favor de que los costarricenses y nicaragüenses nos conociéramos más y mejor. Y estos compañeros que fueron conmigo a Nicaragua en los 60’s (Los Rufos) y conocieron la Managua de antes del terremoto, la Nicaragua con dictadura pero floreciente, con una Nicaragua que la deseaban, la querían y la admiraban en toda Centroamérica. Y yo, viviendo en Costa Rica, que tenía una democracia que la deseábamos todos los nicaragüenses; con una libertad de expresión que la deseábamos en Nicaragua, entonces fue que, sin dejar de ser nicaragüense y llevando a Nicaragua siempre en mi corazón, convertí a Costa Rica en mi segunda patria. Era una época en que no había tantos nicaragüenses en Costa Rica y cuando los costarricenses viajaban a conocer Nicaragua y los salvadoreños y hondureños iban a nuestro país a trabajar en la recolecta del algodón, el café y a cortar caña. Nicaragua vivía una situación política difícil pero era un país próspero. Estamos hablando de los años 60. Diez años más tarde los problemas se agravaron y todo terminó inevitablemente en una insurrección.

Yo viví todos esos momentos históricos hasta llegar a un punto en que no pude regresar a Nicaragua. Y ¿quién era el sabio o el adivino que me iba a decir que Tacho Somoza se iba a ir en el 79? De tal manera que yo podía saber hasta cuándo iba a vivir en Costa Rica y por eso también fui echando raíces aquí. Si no hubiese sido por la fuga de Somoza talvez yo no habría regresado a Nicaragua, es más, yo pensé en determinado momento no regresar a vivir en Nicaragua. Talvez regresar a celebrar el triunfo sobre Somoza, especialmente yo, que había sido un cantautor, que sin ser militante del FSLN ni de ninguna de sus tendencias, sí fui un cantautor de la solidaridad con mi país.

Álvaro B.: ¿Por qué ese pensamiento de no regresar a vivir a Nicaragua aun cuando se había producido un cambio en el país con el vos simpatizabas?

LEMG: Si hoy soy radical, en ese tiempo era más radical. Después de los 60 años (de edad) uno se vuelve más tolerante (risas de todos los presentes). Hombre… primero, porque yo creía que no me lo merecía. Tanta gente muriendo por esa causa… ¿verdad? Yo había luchado en Costa Rica por causas sociales como las huelgas de los bananeros, huelgas estudiantiles, toma de tierras, las reivindicaciones de los maestros, inclusive las luchas del gremio de los músicos. Yo me involucré mucho en lo político y lo social de Costa Rica; escribí algunas canciones que tuvieron que ver con eso, pero mi pensamiento estaba en Nicaragua. Entonces, cuando yo me doy cuenta de que estoy sufriendo una contradicción, tuve que tomar una decisión. Mis hijos estaban aquí. Yo ya estaba divorciado pero mi ex mujer vivía aquí. Y yo tuve miedo de otra cosa Álvaro, que no se si le va a pasar a todos los nicaragüenses: Yo había perdido a todos mis amigos. Cuando yo regresé a Nicaragua no conocía a nadie. Algunos de mis amigos se habían muerto, otros se habían ido de Nicaragua. Acordate que la familia nicaragüense se disolvió, se separó, se atomizó, porque unos estaban muertos, otros fuera del país y otros no querían nada conmigo.

Álvaro B.: ¿Alguna vez te reclamaron el haber estado fuera del país, como le ha sucedido a varias personas (de uno u otro bando) mientras sucedían guerras y otras graves dificultades en Nicaragua?

LEMG: Fijate que curioso, eso no, hasta el día de hoy no. Me pudieron haber reclamado otra cosa, pero como yo nunca dije que era guerrillero y nunca quise serlo. Yo quise ser cantautor y mi generación me exigió cantar contra la guerra en Vietnam, contra las dictaduras en Chile, en Argentina, en Uruguay. Cantar en solidaridad con la revolución cubana. En el año 69 yo era militante de Woodstock y del movimiento hippie… era un revoltijo de cosas para un joven de ese tiempo y todo era parte de la rebeldía. Soy de una generación muy rebelde. Además, vengo de una familia de clase media, pero en Somoto, donde eso no significa nada. Entonces no tenía “alcurnia” ni apellido especial y lo que quisimos hacer fue lo que mi padre nos enseñó: ser honrados cantando, ver a los ojos, comunicar, ser exigentes, aprender de los demás, ponerse de pie cuando uno está frente a otra persona pero exigir a la otra persona que te respeten con la misma tolerancia. Todas esas cosas vienen de mi casa, pero además, vienen de una formación cristiana. Yo estudié interno en el colegio Calasanz y La Salle y eso me dio una formación cristiana, inclusive ortodoxa, algo jodida, porque era el tiempo en que los curas te pegaban y te castigaban duro. Pero yo creo que el arte, la cultura, la música, fue lo que me salvó de no ser un resentido y en cuestión de buscar mi propia identidad. Sin rechazar a Costa Rica, entendí que mi papel era mejor en Nicaragua, pero desde Nicaragua. Y en ese tiempo entre y salí mil veces viajando entre Costa Rica y Nicaragua, pero también viajando a otros lugares como Estados Unidos y Europa, en ese tiempo defendiendo unos sueños en los que yo creí y en los que sigo creyendo como sueños, yo no se si ahora posibles o no.

Álvaro B.: ¿Seguís enamorado de la utopía?

LEMG: Siempre. Pero también nos dimos contra un muro de intolerancia, de autoritarismo. Eso es lo que está pasando ahorita en Nicaragua precisamente. Además, no voy a estar de “trasnochado” hablando de un tema que ya está contra sabido ¿no? Mi posición es totalmente independiente, tengo Patria, no tengo partido. Mi bandera es la azul y blanco de Nicaragua.

Álvaro B.: ¿Y eso fue siempre así?

LEMG: Yo te voy a contar una anécdota rapidísima… y no se si vos te acordás de estos detalles. A mi llamaban las tres tendencias en las que estaba dividido el Frente Sandinista para hacer actividades y yo les decía “No”. Ninguna tendencia, lo hacía por Nicaragua. ¡Claro que eran del Frente Sandinista!, pero yo exigía que la bandera que iba a estar en la actividad fuera la de Nicaragua. ¿Te imaginás lo que es decir eso en ese tiempo? Por eso te repito que no voy a estar hablando trasnochadamente de ese tema y siempre quise que mis canciones fueran para construir algo, no para destruir nada. Nunca me gustó que etiquetaran mi música como “protesta”, pero lamentablemente así fue. Después llegaron los términos de “nueva canción” , “trova”, “canción testimonial”, “revolucionaria” y otras, pero yo siempre fui un cantor popular. Ahora que presento este disco de boleros, lo hago con el mismo amor, la misma coherencia, los mismos principios, los mismos ideales con los que escribí “Hilachas de Sol”, “Allá va el general”, “Venancia” o “Pobre la María”.

Elvis M.: ¿Estaría usted dispuesto, a como lo hizo en su momento su hermano Carlos, a participar activamente en la política de Nicaragua?

LEMG: Absolutamente no. Yo respeto la decisión de Carlos, la apoyé; era nuestra obligación apoyarlo como familia, pero yo no estaba de acuerdo con la decisión de Carlos. El artista siempre tiene mucho qué perder cuando se mete a la política independientemente de la ideología. Siempre ha sido así. Y yo creo que la gente te quiere a como vos te has entregado a la gente. Yo no se si un artista después se hace banquero u otra cosa, no lo sé. Yo creo que el que es artista de verdad muere siendo artista.

Álvaro B.: Allí esta el caso de Rubén Blades en Panamá....

LEMG: Ya ves pues. Y era un bonito proyecto el que tenía pero fue un fracaso. Yo no digo que esté arrimado al ministerio de Turismo. Yo no se si está haciendo un buen papel o no, pero creo que lo bueno que hace lo está haciendo por ser Rubén Blades, por ser artista, no por ningún planteamiento político que él esté haciendo en el actual gobierno de Torrijos. Yo aprendí una cosa: Entre más lejos del poder, duermo más tranquilo. Entre más lejos del poder, soy más libre. Estoy por hacer un disco con canciones terribles acerca del poder. Hay una que se llama El Blues del Camaleón. Esta y la mayoría son críticas directas, casi con nombres y apellidos, a los políticos. Críticas la politiquería nacional, a todo el zoológico que le ha hecho mucho daño a Nicaragua, de uno y otro lado, allí nadie se salva, incluyendo al clero, que es otro poder. Otro poder son los medios de comunicación, así que hay que poner las barbas en remojo porque el pueblo tarde o temprano va a pedir cuentas. Y se las va a pedir por igual a periodistas, políticos, curas y artistas, en la medida en que nos involucremos , en la medida en que seamos nosotros capaces de ser auténticos o no. Yo creo que el compromiso de Carlos fue auténtico, porque lo hizo porque tenía un compromiso moral con Herty Lewites. No lo hizo ni siquiera por un proyecto que estaba en un papel que leyó y dijo "me gusta, voy ser candidato", no. Lo hizo porque Herty se lo había pedido y Carlos primero había dicho que no. Entonces, después que Carlos acepta y muere Herty, se siente comprometido con la palabra que le dio y nosotros lo apoyamos. Incluso, yo compuse una canción que se llama "Los tigres del norte", dedicada a Edmundo Jarquín y a mi hermano Carlos, porque son segovianos.

Josué B: Antes de concluir, por favor, quiero preguntar si se ha sentido desilusionado por la frustración de esa utopía en la que usted todavía cree y también pedirle un mensaje para los inmigrantes nicaragüenses...

LEMG: Si, a veces amanezco con la depre. Escribí precisamente una cosa que se llama "Antídoto contra la depresión", porque todos los días que abro el periódico siento vergüenza del concepto que hay en el extranjero sobre los nicaragüenses. Me recuerda mucho cuando yo vivía en Costa Rica hace 30 años y me preguntaban: "¿Y vos sos nicaragüense?" Y cuando les decía que sí me decían: "¿Y cuando se van a apear a Somoza?" Y se burlaban de mi. Ahora me da mucha vergüenza lo que está sucediendo alrededor del gobierno , de toda la corrupción que hay a todos los niveles, que está llegando al nivel del mismo pueblo. La corrupción corrompe y el poder corrompe, hablo del poder absoluto que corrompe absolutamente. Pero también les quiero decir a los inmigrantes que me yo me siento orgulloso de ellos. Porque independientemente de algunos casos aisladísimos, yo solo tengo referencias lindas y hermosas de ellos aquí. Todo el mundo me dice: "son trabajadores tremendos. Dicen las cosas de frente no por la espalda. Son nobles, son solidarios". Eso me hace sentirme orgulloso. Y también les digo: hay que aprender lo bueno de este país y ser agradecidos con la gente que nos tiende la mano. Además, yo creo que los nicaragüenses estamos influyendo ya en gran medida aquí en Costa Rica y creo que hay gente que está aportando a este país. Independientemente de que seas una ama de casa, un jardinero, un CPF (guarda de seguridad) o un banquero, se puede aportar mucho, no solamente en el aspecto económico sino conservando nuestra idiosincrasia, siendo siempre auténticos. Ser como decía Darío: "Ser sincero es ser potente" y sentirse orgulloso de tener una identidad y una razón de ser. Les envío a todos un abrazo caluroso y lleno de cariño.

Relincho en la sangre

Manuel Delgado

Ha sido una sorpresa muy grata encontrarse con el libro de Luis Enrique Mejía Godoy Relincho en la sangre. La verdad es que no sospechábamos esas dotes de narrador, no por culpa de él, sino por culpa nuestra. Porque siempre reparamos en su poesía, esa que él nos regaló con su música, sin percatarnos que también en ella había fuertes dosis de narrativa.

Decía García Márquez que Pedro Navaja era la obra que a él le hubiera gustado escribir. Dicen en Nicaragua que Pobre la María (bolero de Mejía Godoy muy famoso en la última década) es el cuento más corto de ese país. Es posible que también sea la historia que le hubiera gustado escribir a cualquier novelista, nada corta por cierto.

Allí hay no solo poesía, sino también narración, creación de un personaje, desarrollo de ese personaje, y una trama que avanza noche tras noche cada vez que María amanece un día más vieja. Toda una novela que espera ser escrita.

Y lo mismo podría decirse de muchos de los personajes de las canciones de Luis Enrique (de la Venancia, de Muñeca y otras).

Relincho en la sangre es una serie de estampas, cosidas por una familia y un país íntimamente ligados el uno al otro. La familia es la de los Mejía; el país, por supuesto, Nicaragua.

Los dos son más o menos lo mismo.

Dice: "Mi familia siempre fue un circo: músicos de filarmónica, vendedores ambulantes, curas, curanderos, poetas, compositores, magos, gitanos, ilusionistas, imitadores, cuenteros, bohemios y trovadores errantes". Si eso le agregáramos guerrilleros, tendríamos una Nicargua en chiquito.

Y la historia nace de esa fiebre, "relincho" lo llama Luis Enrique, que se viste de la sotana de su tío y su bisabuelo, es decir, que recoge todo el imaginario de pueblo cristiano, con sus santos y sus procesiones, y que pero que tiene además ese sabor telúrico nahualt y posiblemente africano (comentando su canción-calipso Congolí Changó, compuesta hace casi 30 años con base en un cuento de Abel Pacheco, hoy presidente de la República, decía el cantautor que él debe tener algo de negro por dentro).

Para muestra un botón. La dinastía de los Mejía viene del terrible pecado de los amores de un cura, músico y mujeriego, el bisabuelo de Luis Enrique, presbítero J. Ramón Pineda, quien le daba serenatas con el órgano de la iglesia a su bisabuela, Francisca Mejía, de 18 años, hasta que la dejó preñada.

A partir de ese pecado primigenio todo está teñido de ese polvo de oro que es la magia de una Nicaragua inagotable. Y la magia surge sin querer por todos lados.

Una aclaración necesaria. Generalmente se dice que este tipo de literatura que recoge en el folclore reciente y en la imaginería popular la realidad fantasmagórica de nuestros pueblos, está llena de realismo mágico.

Pienso que en la afirmación hay un error de concepto, que tiene su origen en esa hermandad de tradición cultural con García Márquez y demás autores y predecesores de esa corriente. García Márquez y Luis Enrique Mejía están unidos por esa cuna común que suele llamarse el Gran Caribe, y que comparte sentimientos y actitudes, cosmogonías y tradiciones muy cercanas. Un ejemplo: García Márquez relata el asalto del pirata Morgan a la costa del Caribe colombiano. Nicaragua podría hablarnos del saqueo pirata al Realejo y el robo de su mítico-histórico tesoro. Y Costa Rica, de la isla donde ese tesoro fue escondido.

El tesoro de Lima, escondido por los tripulantes de un bergantín inglés en la Isla del Coco en 1820, pesaba 1.300 kilos. Esa tonelada y tercio de oro puro, con un valor aproximado a la cuarta parte del presupuesto actual de la República, podría hacer aparecer la historia nacional como producto del realismo mágico. Y allí está la confusión.

Sin embargo, la obra fantástica de García Márquez es producto de la imaginación; la de Luis Enrique, copia de la realidad.

También es diferente del indigenismo de Miguel Angel Asturias, porque este hablaba de una población aislada, separada del resto, que precisamente por eso él trataba de rescatar. Luis Enrique, en cambio, habla de gente como nosotros, de sus tíos, hermanos, amigos.

Tampoco es la investigación de otras épocas o de parajes inalcanzables de Alejo Carpentier, pues Luis Enrique nos habla de nuestra época y de nuestra tierra.

Es la magia del Luis Enrique monaguillo, y de su tío el cura, ambos provenientes de un pueblo perdido en el norte de Nicaragua.

Un día el cura vuelve a su Somoto.

"Se bajó del Pontiac, se sacudió del gabán el pinolillo del polvo del camino y a pesar del cansancio empezó a silvar una tonadita inventada que era más un aire que una melodía y se sonrió del gusto de estar de nuevo en ese rincón del mundo que le traía entrañables recuerdos de su juventud, en los inicios de su vida sacerdotal. --Carajo --dijo con la ironía de siempre-- esto parece un asilo de ancianos"...

cuando, en realidad, la mayor solo tenía 30 años.

El cura hizo traer un baúl y todos pensaron que era para cumplir la promesa nunca cumplida por los otros curas de dotar a la iglesia de imágenes nuevas de la Sagrada Familia.

--Tengan cuidado, dijo el cura, que son muy delicados y me costaron un cachipil de plata...

"Pero cuando llegaron Colorado y los Ranita, los mejores albañiles de Somoto, mi tío ordenó abrir los tres bultos con mucho cuidado; todo el mundo se quedó con la boca abierta al ver que se trataba de unos extraños aparatos de porcelana, que según el mismo cura explicó orgulloso, dándose aire con un abanico de palma por los calores y la gran comilona del mediodía, iban a reemplazar al antiguo aguamanil que estaba en el corredor, al excusado de tres huecos del fondo del patio y al filtro de piedra lamoso, que tenía como cincuenta años de estar goteando encima de un tinajón de barro, en el pasillo que daba a la cocina. Los chunches aquellos resultaron ser un lavamanos y un inodoro blanco comprados en la Ferretería Lang y un filtro de cerámica, decorado con pájaros y flores exóticas, pintadas en azul antiguo (..) Por supuesto que igualmente se hizo la romería y todo el pueblo visitó nuestra casa, no para ver las imágenes de la Sagrada Familia, porque todos estaban claros que no habían venido en este viaje, sino para poder constatar que aquellos tres aparatos modernos y exóticos, ante los cuales algunos equivocadamente hasta se arrodillaron y se santiguaron, eran la última moda de la high-life capitalina... Unas semanas después de que partiera el Cura del pueblo, el Diputado Liberal, la Alcaldesa, el Jefe Político y el Comandante, encargaron un juego completo de los mismos chereques de porcelana a Managua; porque supieron que "las familias de Ocotal" ya estaban instalándolos en sus enormes casas solariegas, pero en ese pueblo, al igual que en Somoto, todavía no se habían logrado poner los tubos de agua potable y sólo había un montón de zanjas en las calles que nunca terminaron de cerrar... Pero los que decidieron comprar los chunches de porcelana, por lo menos se dieron el lujo de sentarse horas de horas en el inodoro que pusieron en la sala mientras los instalaban en su definitivo lugar, y hasta se tomaron fotos para enviársela a sus familias en los EEUU".


Esa misma magia ingenua es la que utiliza el autor para narrarnos el primer día que vio una mujer desnuda, Gloria, una prostituta del pueblo que los ayudó a desnudarse en medio de su estupor y que lo invitó a disfrutar de los placeres gratuitamente porque le traía recuerdos del tío de este, el llamado Hombre Orquesta de la familia Mejía.

Cuando entró

"...ella esperaba completamente desnuda, recostada sobre su costillar izquierdo en la tijera de cabulla, como la Maja Desnuda de Francisco Goya, solamente que Gloria no tenía almohadones de seda sobre su tijera."

El capítulo se llama La Gloria eres tú.

O la forma en que Franz Schubert, para sorpresa de muchos, se une a la historia de Nicaragua.

Fue en el año de 1956, cuando el poeta Rigoberto López Pérez decidió darle una serenata a su novia y pidió a su amigo Payo Amaya que lo compañarara con la Serenata de Schubert. Pero este no acudió a la cita. Entonces el poeta habría de tocarle a la Patria la mejor serenata de su historia, descargando los tiros de su pistola sobre el cuerpo odioso del tirano.

"Franz Schubert nunca lo sabrá, pero fue cómplice en la ejecución del tirano. Así lo manifestó el informe de la oficina de la seguridad nacional a Tachito II, después de apalear de Payo Amaya y preguntarle: ¿Quién es ese hijueputa alemán, un tal Francisco Chuber, que anduvo poniendo una serenata con ese comunista de López Pérez que ya debe estar en el mismo infierno y a quien vos le dabas clases de violín? Y Payo: No señor, Franz Schubert es un compositor austriaco de música clásica que murió hace más de cien años...! Y el torturador: Qué música clásica ni que mierda, no me contradigás, jodido. Ustedes creen que somos estúpidos..."


Luis Enrique vivió siempre en la música, de la música, para la música. Igual que sus padres, tíos, hermanos, sobrinos, los Mejía tienen fiebre de cantar.

A Costa Rica vino Luis Enrique a estudiar medicina y se quedó cantando como tres lustros, en un acto que lo hermana con Billo Frómeta, que también estudiaba medicina, se fue a Venezuela por un fin de semana y se quedó 35 años. Por casualidad se enroló con el grupo de música juvenil "Los Rufos" (no me imagino a Luis Enrique cantando rock, pero ni modo) y no le fue nada mal.

Poco después alternaban con los grandes, que hoy nos suenan a nostalgia (Paco Navarrete, Solón Sirias) o a serie de tarde en televisión (los Thunder Boys, los Spiders, los Pókers).

Es algo así como un acto magia.

Lo demás todos los recuerdan. Aquí estuvo en esa década trágica que se inicia con el triunfo de Allende y termina con el triunfo del Frente Sandisnista y que se enreda con golpes de estado, guerras, exilios y sobre todo, luchas.

Acerca de todo eso es poco lo que habla el libro, pero ya el cantautor prepara otro, que se va a llamar Por ser tan linda Costa Rica la llaman*. A esperarlo.

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